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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1184

—Ya, ya, cálmate —dijo Camilo—. Se llama Silvia Guzmán, es la hija menor del jefe del Grupo Prosperidad. Además, es familiar de David Montes, son primos.

Paula jamás imaginó que fuera prima de David.

—¿Y es muy competente?

—No sé los detalles. Escuché que apenas el año pasado regresó de estudiar en la Universidad de Londres. Si logró ser la asistente de Enzo, su capacidad no debe ser nada despreciable.

Paula se recargó en el asiento, con los brazos cruzados, y miró hacia la ventana.

—Qué casualidad que, con semejante origen familiar, venga a ser la asistente de Enzo.

Camilo esbozó una leve sonrisa.

—Tal vez solo quiera ganar algo de experiencia.

Paula no respondió.

El auto se sumió en el silencio por un rato.

Luego, Camilo volvió a preguntar:

—¿Y cómo van ustedes dos?

—Sigue siendo un tronco, ¿qué avance podría haber?

Enzo en realidad no tenía idea de cómo tener una relación. Siempre había sido igual, con una mentalidad rígida. Era como una rana: tenías que pincharlo para que saltara. Hacía un par de días le había enviado un mensaje por iniciativa propia, y ella se emocionó toda la tarde. Aprovechó para pedirle un café y él se lo compró. De verdad, su vida entera estaba a merced de ese hombre.

Camilo no pudo evitar soltar un suspiro.

—Hombres tan despistados como Enzo ya casi no existen.

Paula lo admitía, así que tampoco tenía mucho de qué preocuparse. A Enzo le sobraban pretendientes en el pasado, pero no cualquiera podía conquistarlo.

Alrededor de las seis y media de la tarde.

Un Rolls-Royce se detuvo lentamente frente a la entrada de Sala Thai.

El personal del restaurante se acercó para abrir la puerta del vehículo.

Esmeralda bajó del auto.

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