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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1186

—Por cierto, ¿cómo le va al profesor? —preguntó Esmeralda. Ayer Abril le había hablado sobre su antiguo trabajo y le mencionó que Paula también trabajaba en Inversiones Gracia.

Desde que Gabriel se fue de Islandia, no había tenido oportunidad de contactarlo.

—Se fue de viaje de negocios a Estados Unidos —respondió Paula—. No está en San Pedro, creo que tardará un tiempo en regresar.

—Ya veo.

Paula quiso añadir algo más, pero escuchó unos pasos pesados acercándose por detrás. Al notar la mirada de Esmeralda dirigida al fondo, volteó y vio a David aproximándose.

Los ojos fríos de David barrieron a Paula. Por un segundo, Paula sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero cuando el hombre llegó a su lado, su mirada ya se había posado en Esmeralda, suavizándose imperceptiblemente.

—¿De qué hablaban?

—De nada en especial, solo charlábamos un rato con Pauli —explicó Esmeralda.

David asintió.

—Ya habrá tiempo para juntarse. Casi no has comido, la cena se va a enfriar.

Esmeralda lo miró y luego se dirigió a Paula:

—Pauli, el día que tengas tiempo, nos organizamos para reunirnos.

Paula asintió.

—Claro que sí.

David tomó a Esmeralda de la mano y se dieron la vuelta para marcharse. Paula los observó alejarse y sintió una gran ironía.

Hacía años, justo en ese mismo lugar, Esme ya estaba muy avanzada en su embarazo y se cruzaron con David y Clara. En ese entonces, él trataba a Clara con una devoción extrema, mientras que a Esme le dirigía miradas cargadas de profundo asco.

Y pensar en cómo estaban las cosas ahora.

En ese instante.

Silvia salió de uno de los salones privados y se topó de frente con David y Esmeralda. Se quedó paralizada un segundo y luego saludó:

—Hola.

David hizo un sonido de reconocimiento. Al abrirse la puerta del salón, notó a Enzo adentro. Enzo también reparó en los que estaban afuera.

—¿Qué haces aquí? —preguntó David.

—Ahora trabajo como asistente del señor Catalán —respondió Silvia—. Hoy tuvimos una cena de negocios con Inversiones Gracia y la Señorita Nájera aún no había regresado, así que salí a buscarla.

Dicho esto.

Enzo salió al pasillo, los vio y preguntó:

—¿También están cenando aquí?

—Sí —afirmó David—. Ustedes sigan, nosotros ya nos vamos.

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