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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1189

Casualmente, se encontraron con Cintia en la puerta de entrada.

Esmeralda sostenía la mano de Isa, la miró y le indicó:

—Isa, saluda a la Señora Cintia.

Isa miró a Cintia y saludó con educación:

—Hola, Señora Cintia.

Cintia se inclinó un poco para quedar a la altura de Isa, y con una suave sonrisa le respondió:

—Hola, Isa. Pero qué niña más preciosa eres.

Isa mostró sus pequeños dientes blancos en una sonrisa que arrugó las comisuras de sus ojos.

—Usted también es muy bonita, Señora Cintia.

Al ver esa sonrisa tan dulce, el corazón de Cintia se enterneció. Como persona ajena a la familia, le era casi imposible no encariñarse con una niña así, cuánto más para sus padres.

Le resultaba irreal imaginar que alguien tan frío y arrogante como David pudiera tener una hija tan adorable y tierna.

Cintia sacó una cajita de su bolso, la abrió y se la ofreció a Isa. Adentro había un collar de estilo retro trenzado a mano, adornado con un ágata azul de excelente calidad.

—Un regalito para ti, Isa. Espero que te guste.

Isa primero buscó la aprobación de su madre.

—Tómalo, es un detalle muy lindo de la Señora Cintia —dijo Esmeralda.

Isa tomó la cajita con ambas manos.

—Gracias, Señora Cintia. Es muy hermoso, me encanta.

—Me alegra que te guste, Isa.

Isa le pasó la cajita a su madre, y Esmeralda la guardó en su propio bolso para que no se perdiera. Luego tomó de la mano a Isa y le dijo a Cintia:

—Entremos de una vez, las demás ya llegaron.

—Vamos.

Tomaron el ascensor hasta el salón privado del tercer piso.

El mesero les abrió la puerta.

Paula y Abril ya estaban ahí. Al verlas entrar, Paula las saludó:

—¡Esme, llegaron!

—¡Isa! —Lidia corrió hacia Isa, la tomó de las manos y, mirando a Esmeralda, exclamó—: ¡Madrina!

Esmeralda sonrió.

—¡Cuánto tiempo sin verte, Lidia!

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