Abril masticó la carne, cayendo en cuenta de su actitud, y dijo:
—Perdona, Cinti, es que me emocioné de más. Con todo el mundo tan ocupado, soy la única que tiene tiempo libre, y hoy fue una maravilla poder juntarnos entre amigas.
Abril y Cintia tenían casi la misma edad, Cintia era apenas dos meses mayor. Pero como Cintia proyectaba una actitud más madura, como de hermana mayor, desde el instante en que se presentaron, Abril comenzó a llamarla "Cinti", algo a lo que Cintia no puso objeción.
En el fondo, Cintia también estaba feliz. De no ser por tenerla enfrente, le habría costado creer que Abril y Gabriel eran hermanos; sus personalidades eran polos opuestos, como el día y la noche.
—No te preocupes —respondió Cintia—. En realidad, casi nunca salgo a cenas ruidosas con amigas, la que debería disculparse soy yo por mi falta de costumbre.
Durante los años que la familia Quintana estuvo recluida, ella se mantuvo apartada de las fiestas y los eventos sociales. Se dedicó por completo a sus creaciones artísticas, con Viola como su única compañía.
Por eso, esa cena la hacía sentir un tanto abrumada, como si volviera a ver la luz del sol tras estar encerrada por mucho tiempo. Sentía cierta inseguridad, pero, al mismo tiempo, ansiaba aferrarse a esa calidez con todas sus fuerzas.
—Pues a partir de hoy, todas aquí somos tus amigas —le aseguró Abril—. Podremos salir más a menudo cuando tengamos tiempo, ya te acostumbrarás.
—Abril tiene toda la razón, de ahora en adelante nos veremos más seguido —afirmó Paula.
Cintia miró de soslayo a Esmeralda; ella le asintió con una cálida sonrisa. Cintia regresó la mirada a las demás y asintió tímidamente.
Después de cenar.
Se quedaron conversando en el salón privado. Para entonces, la tensión inicial de Cintia había desaparecido y se la veía mucho más relajada.
En ese instante.
El celular de Esmeralda comenzó a vibrar. Al mirar la pantalla, vio que era David y contestó:
—¿Bueno?
La voz de David resonó al otro lado:
—¿A qué hora terminan? Voy a buscarte.
—Con el chofer es suficiente, no hace falta que vengas —dijo Esmeralda.
—Estoy cerca, así que me queda de paso para llevarte a casa.
—¿Y cuándo terminas tú?
—Pronto. Puedo ir allá y esperarte afuera.
A Esmeralda no le quedó otra que aceptar. Antes de salir, David le había preguntado dónde iban a cenar.
Cortó la llamada.
Las otras tres la miraban fijamente.
David sí que la traía cortita, y apenas iban a dar las ocho.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...