Gabriel no dijo más.
—Muy bien.
Colgaron.
Esmeralda miró a Santiago y dijo:
—Llévame a casa.
—Ya que vinimos hasta acá, no pasa nada si damos una vuelta antes de irnos —respondió Santiago.
Cuando Gabriel se disponía a irse, se topó de frente con un grupo de personas que caminaba hacia él.
David llevaba a Isa en brazos, mientras Marisa y Clara caminaban a su lado, platicando y riendo. La escena parecía la de una familia feliz.
Gabriel intuyó lo que pasaba.
Clara notó a Gabriel. Al verlo, se quedó pasmada un instante; el hombre seguía viéndose tan elegante y distinguido como siempre.
Gabriel apartó la mirada con indiferencia y se dio la vuelta para irse.
David observó la espalda del hombre mientras se alejaba.
El coche ya estaba esperando afuera.
David acomodó primero a Isa en su silla y le abrochó el cinturón de seguridad.
Luego se giró hacia Clara y le dijo con suavidad:
—Llevaré a Isa a casa primero. Ten cuidado en el camino.
Una expresión de desamparo cruzó los ojos de Clara, quien miró a David con cierto reproche.
Ahora, por culpa de Isabella, él ni siquiera tenía tiempo para llevarla a casa. Ya no podía desahogar sus quejas y su tristeza con él como antes.
Marisa se acercó y dijo:
—David, yo cuido a Isa. Tú acompaña a Clara y llévala a su casa.
David miró a Clara y estaba a punto de asentir cuando Isabella gritó de repente:
—¡Papá!
David se volvió, le acarició la cabecita a Isabella y dijo con dulzura:
Isabella agarró la cobija con sus manitas y dijo con expresión triste:
—Si papá se casa con Clara, ¿ella va a ser mi mamá? Pero yo quiero a mi mamá de verdad…
David dejó el cuento en la mesa de noche, le dio unas palmaditas a Isa y trató de consolarla:
—Ya, Isa, no pienses cosas raras. Papá siempre va a estar contigo.
Isabella lo miró con los ojos enrojecidos.
—Papá trata muy bien a Clara y ella siempre está contigo. ¿Es porque papá trataba mal a mamá que ella no está con nosotros?
Isa era más sensible e inteligente que otros niños de su edad. Al crecer, empezaba a entender ciertas cosas.
Al escuchar las palabras de su hija, la mano de David se detuvo.
Tardó un buen rato en lograr que Isa se durmiera. Al ver las lágrimas en las comisuras de los ojos de la niña, las limpió suavemente con la mano.
La última vez que Isa se enfermó, solo preguntó por su madre, pero nunca se había puesto tan emocional como hoy.
David la arropó bien y salió de la habitación caminando despacio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...