Después de terminar sus pendientes, Esmeralda llamó a Don Ezequiel.
—Pasa algo y ni siquiera se te ocurrió llamarme —rezongó Don Ezequiel.
Esmeralda se apresuró a disculparse:
—Justo tuve mucho trabajo en Inversiones Gracia estos días, así que no tuve tiempo de ocuparme de los asuntos de acá. Don Ezequiel, ¿tiene tiempo esta noche? Pasaré a visitarlo para agradecerle como se debe.
Don Ezequiel respondió:
—Soy un viejo retirado, tengo tiempo de sobra.
Esmeralda sonrió.
—Por cierto, ¿cómo fue que ofendiste a alguien? ¿Acaso la familia Montes se enteró de quién eres?
Don Ezequiel sabía que fue Marisa Guzmán quien ordenó cancelar el programa de Esmeralda. Había llamado directamente a Jorge Montes y, sin ninguna cortesía, reprendió a su esposa frente a él. Jorge solo pudo escuchar sin atreverse a replicar, diciendo que preguntaría bien al respecto antes de darle una respuesta a Don Ezequiel.
Esmeralda fue sincera:
—La señora Montes no debería saber quién soy, simplemente no quiere que tenga mucho contacto con Isa, y yo no le hice caso.
Don Ezequiel frunció el ceño.
—¿Y cuándo planeas reconocer a Isa? La niña es inocente. Es una niña tan linda y bien portada; merece saber quién es su madre. Si quieres ver a Isa, no tienes por qué hacerlo a escondidas.
Esmeralda apretó el celular con fuerza y bajó la mirada.
En el fondo tenía miedo. Miedo de que si Isa sabía que ella era su mamá, le reprochara por haberla dejado.
Tampoco podía descifrar qué pensaba David Montes. Ahora que le importaba tanto Clara Santana, temía que si él se enteraba de su identidad, le prohibiera aún más acercarse a Isa.
—No lo sé —su voz sonaba melancólica.
Don Ezequiel no dijo nada más; había cosas que solo los involucrados podían resolver.
—Si quieres ver a la niña, ve a verla. ¿De qué tienes miedo? No poder ver a tu propia hija es ridículo. Si la familia Montes se atreve a impedírtelo, seré el primero en ajustar cuentas con ellos.
Al escuchar las palabras de Don Ezequiel, Esmeralda sintió una calidez en el corazón y, de repente, ya no estaba tan preocupada.
—Gracias, con esa promesa de Don Ezequiel me basta.
—...
Colgó el teléfono.
Volver allí después de cinco años se sentía como si nada hubiera cambiado.
Gabriel había contratado a un nuevo asistente, un joven que aparentaba veintitantos años, probablemente recién graduado.
El asistente ya había recibido la llamada de Gabriel, y cuando vio a Esmeralda, se quedó atónito.
Esmeralda lo saludó.
—Hola, soy Evelynn. El Dr. Loyola debió haberte avisado sobre mi visita para dar la clase.
El asistente se puso rojo hasta las orejas, reaccionó y se apresuró a decir:
—Sí, el profesor ya me había informado. Me llamo Lucas Olmedo.
Esmeralda asintió con una sonrisa.
Después, Esmeralda revisó el contenido de la clase de hoy con Lucas.
Hoy eran dos clases magistrales.
Esmeralda llegó al auditorio diez minutos antes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...