—Evelynn, mira mi nuevo broche para el pelo —dijo Isa quitándose el adorno para mostrárselo.
Era un broche de diamantes rosas que, a simple vista, se notaba que era un diseño exclusivo.
—Es precioso, a Isa todo se le ve bien —sonrió Esmeralda.
—Me lo diseñó mi papá —dijo Isa feliz.
Esmeralda se quedó pasmada. ¿Diseñado por David? No sabía que él también diseñara.
—Isa, ¿te parece bien si la señora pasa por ti el fin de semana?
Isa estaba emocionadísima.
—¡Sí! Ojalá mañana ya fuera fin de semana.
Esmeralda miró a su hija con ternura.
Tras colgar con Isa, Esmeralda se calmó y se puso a trabajar en la revista financiera un rato, revisando reportajes y atendiendo un par de llamadas laborales.
Una vez ocupada, no tuvo cabeza para pensar en otras cosas.
Por la noche, Gavin la buscó de repente y le llevó la cena a su habitación.
—Hola.
Esmeralda se sorprendió un poco, pero extendió la mano para recibirla.
—Gracias.
—Antes de que regresaras al país acordamos que, si yo venía a San Pedro, me invitarías a comer. No lo has olvidado, ¿verdad, Evelynn? —dijo Gavin.
—No lo he olvidado —sonrió ella levemente.
Era cierto que lo habían acordado.
—Entonces nos vemos en San Pedro.
Esmeralda no preguntó más y asintió.
—Está bien.
Gavin tampoco le preguntó sobre el asunto con David.
—Cena, entonces. No te molesto más.
Al día siguiente, a las nueve de la mañana.
El crucero atracó en la orilla.
Esmeralda y Gabriel bajaron del barco y se encontraron con David y Clara.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...