Isa no notó en absoluto el duelo silencioso entre los dos.
David se comió la empanada.
—Papá, ¿está rica? —preguntó Isa de inmediato.
—Se puede mejorar —dijo David.
Esmeralda apretó los cubiertos con fuerza, con ganas de lanzarle la sopa hirviendo a la cara a ese perro infeliz.
Isa parpadeó con sus grandes ojos mirando a su papá y lo corrigió al instante:
—¡Papá, tienes que decir que está muy rica!
David le siguió la corriente a Isa:
—Sí, está muy rica.
Isa resopló satisfecha.
—Entonces la próxima vez cocinas tú, papá.
En eso, la niñera bajó con el celular de Esmeralda.
Se le había quedado en la recámara.
—Alguien le acaba de llamar.
Esmeralda tomó el celular y vio la llamada perdida. Era Gavin.
El teléfono volvió a vibrar.
Esmeralda se levantó rápido para contestar.
—¡Gavin!
La mirada de Isa siguió a Esmeralda mientras se alejaba.
—Isa, come bien —dijo David.
Isa volvió su atención a la comida.
Unos minutos después, Esmeralda regresó al comedor.
Después del desayuno, se prepararon para irse.
En el camino de regreso, Isa iba muy feliz porque hoy iría a casa de Evelynn.
Apenas el coche llegó a la zona urbana, David recibió una llamada. No se sabía qué dijeron del otro lado, pero se alcanzaba a escuchar la voz de Clara.
Solo se oyó al hombre decir:
—Voy para allá enseguida.
Al ver que su papá colgaba, Isa preguntó:
—¿A dónde vas, papá?
—Papá tiene cosas que hacer, las voy a dejar en casa primero —le dijo a Isa.
—Ah, bueno —dijo Isa.
Las dos se quedaron impactadas.
En ese momento, el chofer estacionó el auto frente a la entrada principal; era obvio que el señor había dado su permiso.
Esmeralda ignoró a las empleadas e iba saliendo con Isa cuando, de repente, otro coche se detuvo justo en la entrada.
Marisa bajó del vehículo.
—Abuela —llamó Isa.
Al ver a Esmeralda, el rostro de Marisa se oscureció. Sin embargo, al llegar frente a Isa, compuso su expresión.
—¿A dónde va Isa?
—Hoy voy a jugar a casa de Evelynn.
Marisa estaba atónita.
—¿Y tu papá?
—Papá se fue a hacer cosas, él me dio permiso.
Marisa no entendía qué pretendía su hijo permitiendo que Isa fuera a casa de una extraña.
Levantó la vista y le lanzó una mirada gélida a Esmeralda. Luego se dirigió a Isa:
—Isa, hoy no vas a ir. Tu bisabuela se enfermó, vamos a ver a la bisabuela primero, ¿sí?
Al escuchar esto, el rostro de Esmeralda se endureció.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...