La mujer adinerada estaba sentada en un banco, mirando a Esmeralda con frialdad.
La maestra se apresuró a mediar:
—Señorita Evelynn, señora Morán, será mejor que dejemos que las niñas regresen al salón primero y luego hablemos con calma. No afectemos a las pequeñas.
Esmeralda consoló a Isa. Una vez que la niña se calmó, la maestra la llevó de vuelta al salón.
Renata López ordenó a su guardaespaldas que llevara a su hija, Leonor Morán, al coche.
Esmeralda y la maestra Paulina Vera se quedaron solas fuera de la oficina para aclarar la situación.
Resultó que hoy, después de la reunión de padres, los niños comentaron que la mamá de Isa era muy bonita.
Isa estaba muy feliz y orgullosa, y no lo negó.
De repente, Leonor dijo: «Esa señora guapa no es la mamá de Isabella. Isabella no tiene mamá, su mamá no la quiso».
Esa frase enfureció a Isa, quien se le fue encima a golpes, y Lidia ayudó a Isa a pegarle a Leonor.
Al escuchar el relato de la maestra, Esmeralda sintió un sabor amargo en el corazón.
Cuando Esmeralda regresó a la oficina, Renata estaba sentada con las piernas cruzadas, en una postura arrogante. Arqueó una ceja y la miró con un sarcasmo absoluto en los ojos.
—Así que esta es la famosa señorita Evelynn. No solo le gusta seducir hombres, sino que también le gusta jugar a la mamá feliz. No, espera, a la niñera, ¿verdad?
Al oír esto, las maestras en la oficina se sorprendieron. Ciertamente nunca habían visto a esta señorita Evelynn antes, pero ahora recogía a Isabella Montes con frecuencia.
Ya no veían a la señorita Santana.
¿Acaso esta señorita Evelynn realmente había logrado ocupar el puesto?
Los chismes de la gente rica cambiaban cada día. Ellas solo se atrevían a mirar en silencio, disfrutando del drama internamente.
Esmeralda caminó hacia Renata, tomó un vaso de agua que estaba en el escritorio y se lo arrojó directamente a la cara.
—¡Ah!
Renata gritó, se levantó de un salto y le gritó furiosa a Esmeralda:
—¡Estúpida! ¿Qué te pasa? ¿Te atreves a echarme agua?
La maestra Vera se apresuró a darle servilletas.
Esmeralda dijo con voz gélida:
—¡Te eché agua y qué! ¿Acaso necesito hacer cita para eso? Y si te mojé a ti fue por algo, ¿no crees? Con esa boca de carretonero que tienes, no me sorprende que tu hija sea igual de maleducada. ¡Si no sabes educarla, alguien tiene que enseñarte modales a ti primero, vieja corriente!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...