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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 328

Cuando Camilo vio a Esmeralda llegar a la oficina, se extrañó.

—¿Tan temprano en la empresa? ¿No vas a acompañar a Isa?

Esmeralda le dio un sorbo a su café.

—David vino a Valdemar.

Camilo se mostró sorprendido.

—Vaya que David tiene a Isa como su tesoro. De haberlo sabido, hubiera sido mejor no traer a la niña.

Esmeralda suspiró con resignación.

—Sí, así es.

No sabía si él realmente tenía asuntos que tratar o si había venido por otra razón.

Camilo la miró, quiso decir algo, pero al final se calló.

Era inevitable. Isa era hija de Esmeralda; después de cinco años separadas, la niña seguía dependiendo mucho de ella. Cualquiera en su lugar encontraría difícil separarse. El instinto materno siempre es más fuerte que la razón.

Sin embargo, terminó diciendo:

—Esme, cuando Isa crezca, seguro te entenderá.

Esmeralda asintió.

—Lo sé.

***

A las dos de la tarde.

Todo estaba listo para la ceremonia de la firma. Los medios de comunicación ya estaban presentes.

Ese día no solo asistió Fabián, sino también el presidente de Grupo Santana, Carmelo Santana, padre de Clara. Era un hombre de casi sesenta años, bien conservado y con el porte inconfundible de un patriarca poderoso. A su lado iba un joven de unos veinte años, muy apuesto; el traje formal no lograba ocultar su aire juvenil, y sus rasgos eran idénticos a los de la madre de Clara. Era evidente de quién se trataba.

Pero lo que más sorprendió a Esmeralda fue que Enzo también había venido.

Enzo y Carmelo conversaban, luciendo extraordinariamente armoniosos, como la imagen perfecta de «padre e hijo».

—Me da pena ajena solo de verlos —no pudo evitar comentar Esmeralda.

Camilo se rio por lo bajo.

—Por eso, para estar en la cima, hay que aguantar lo que la gente común no soporta.

Carmelo, Enzo y los demás se acercaron a estrecharles la mano.

Por la noche, la familia Santana organizaba un banquete.

Esmeralda y Camilo planeaban ir a comer algo primero. Apenas subieron al coche, el celular de Esmeralda vibró. Era una llamada de David.

—¿Bueno? —contestó ella.

La voz de David sonó al otro lado:

—Tengo cosas que hacer en la noche. Regresa para acompañar a Isa.

Esmeralda guardó silencio un segundo.

—Yo también tengo trabajo.

Hubo un silencio de varios segundos al otro lado de la línea antes de que David colgara.

Esmeralda bajó el celular. Aunque él no la había obligado a volver, sentía una irritación indescriptible en el pecho.

Camilo la miró.

—¿Vas a regresar?

Se daba cuenta de que David tenía controladas las emociones de Esmeralda usando a Isa.

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