Apretó los dedos hasta que los nudillos se pusieron blancos.
Esa maldita, ¿con qué derecho?
David la observaba en silencio.
Esmeralda bajó y le ordenó a la niñera:
—Sube a cuidar a Isa.
La niñera miró a David y luego subió las escaleras.
Esmeralda caminó directamente hacia ellos sin desviar la mirada, luego se sentó en el sofá, cruzó las piernas largas, cruzó los brazos y levantó ligeramente la barbilla. Sus hermosos ojos parecían cubiertos de escarcha mientras los observaba.
—Continúen.
Clara ya se había apartado un poco del abrazo del hombre. Al ver la actitud arrogante de esa mujer, como si estuviera juzgándolos desde las alturas, sintió rabia.
¿Qué derecho tenía ella de mirarlos así?
Realmente quería lanzarse sobre esa maldita y destrozarla.
Clara reprimió la ira en su corazón y miró a David.
El hombre mantenía su expresión fría habitual. Miró a Clara y dijo:
—Clara, vete a casa primero.
Clara ocultó su frustración y estaba a punto de decir algo, cuando escuchó la voz sarcástica de Esmeralda:
—¿Cómo? Ya que la señorita Santana vino, ¿no la vas a invitar a pasar la noche?
David frunció el ceño y su rostro se oscureció.
De repente, Esmeralda tomó su celular y marcó el número de Gabriel Loyola.
La llamada se conectó rápido.
La voz suave del hombre se escuchó:
—Esme.
David observaba los movimientos de la mujer con una mirada aún más gélida.
—Profesor, ¿tiene el contacto de Enzo?
—Sí, ¿qué pasa?
—Pásemelo, por favor, tengo un asunto con él ahora.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...