—De acuerdo, ve con cuidado. Avísame cuando llegues a San Pedro —dijo Gabriel.
—Claro.
A las cinco de la mañana del día siguiente, Esmeralda se dirigió al aeropuerto.
Abordó el avión y se recostó en el asiento de clase ejecutiva, cerrando los ojos para descansar.
Sintió que alguien se sentaba a su lado, pero no abrió los ojos.
No fue hasta que la sobrecargo pasó sirviendo el desayuno que Esmeralda abrió los ojos y vio que la persona a su lado era Enzo.
Enzo, al ver su sorpresa, la saludó con una sonrisa cortés.
—Señorita Evelynn.
Esmeralda recuperó la compostura rápidamente, tomó el desayuno que le ofrecían y comió en silencio, sin ninguna intención de entablar conversación.
Enzo tampoco la molestó.
Durante las dos horas de vuelo, Enzo se dedicó a trabajar, mientras Esmeralda descansaba en silencio.
A las ocho cuarenta, el avión aterrizó puntualmente en el Aeropuerto Internacional de San Pedro.
Enzo tomó su computadora y se levantó. Esmeralda hizo lo mismo.
De repente, el boleto de avión se le cayó de la bolsa. Esmeralda se agachó a recogerlo y Enzo, por instinto, miró hacia abajo y notó el nombre impreso: "Esmeralda".
Esmeralda se enderezó y, al ver que Enzo la miraba fijamente, preguntó:
—¿Se le ofrece algo, señor Catalán?
Enzo curvó los labios levemente.
—Nada.
Bajaron del avión.
Enzo y su secretario se adelantaron rápidamente. Esmeralda desactivó el modo avión de su celular. Ya tenía mensajes de Isa y cuatro o cinco llamadas perdidas de ella, además de una de David.
Esmeralda le devolvió la llamada a Isa mientras caminaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...