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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 360

Si David estaba casado, si tenía hijos dentro o fuera del matrimonio, era un secreto que solo los Montes y los Mondragón conocían a la perfección.

Como ellos no soltaban prenda, la gente de fuera no se atrevía a indagar demasiado.

David lo miró de reojo y una leve sonrisa se dibujó en sus labios delgados.

—¿Tienes envidia?

Emanuel se rio.

—¡Claro que tengo envidia! Pero dime, ¿cómo es que alguien como tú pudo hacer a un ángel tan adorable como Isa?

Era algo que no lograba entender.

David era un tipo que no sentía afecto real por nadie; ¡era frío y despiadado!

Rafael, mirando de reojo a Esmeralda que ya se alejaba de la mano de Isa, comentó:

—Ni hace falta decirlo. Isa seguramente heredó la gentileza y bondad de su madre. Si se pareciera a él, ¡pobre de nosotros!

Emanuel preguntó con curiosidad:

—Rafa, entonces dinos tú, ¿quién es la mamá de Isa?

Era un hecho que David no amaba a la madre de la niña; de lo contrario, no habría pasado tanto tiempo sin que se supiera nada de ella. Esa mujer nunca había aparecido en los eventos públicos de los Montes ni de los Mondragón.

Sin embargo, aunque no amara a la madre, adoraba a Isa con locura.

Si había alguien a quien le hubiera entregado su corazón, era únicamente a su hija.

Rafael miró a David y dijo:

—Si quieres saber, pregúntale a él.

Emanuel soltó una carcajada y no insistió más.

—La verdad, David, ¿a poco querías una hija porque envidiabas a la de Rafa?

La mirada de David se posó en Isa, que estaba a poca distancia. La pequeña princesa se veía limpia y hermosa; Esmeralda le había puesto una flor en el cabello y la niña sonreía más brillante que el sol.

La expresión de David se suavizó al verlas. Miró a Emanuel y replicó:

—Si tienes envidia, apúrate a tener los tuyos.

Capítulo 360 1

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