David dejó la copa sobre la mesa y pasó los dedos por el borde. La luz tenue le marcaba las facciones y le dejaba una mirada imposible de leer.
—¿Y eso qué?
Romeo lo miró entornando los ojos, con una sonrisa torcida en los labios.
—No es como cualquier mujer, tiene ese toque salvaje que hace que ganársela sea todavía más adictivo —dijo, con una codicia descarada en la mirada.
—¿No quieres probar?
David tomó la botella de vino que estaba a su lado, se sirvió una copa y preguntó con expresión seria:
—¿Quieres colaborar con Gabriel?
Romeo sonrió con malicia.
—Le aventamos el anzuelo y se enganchó solito. ¿No es la oportunidad perfecta para quitárnoslo de encima?
En los labios de David apareció una sonrisa apenas perceptible.
—¿Ah, sí? ¿Se trata de deshacernos de él o de que tú te quedes con todo el beneficio?
Romeo hizo una pausa, borró su sonrisa y dijo con seriedad:
—David, estamos en el mismo barco. ¿Cómo crees que voy a traicionarte? Además, no hay nadie en este mundo que pueda jugarte chueco.
David lo miró de reojo.
—Acércate.
Romeo lo miró y se inclinó hacia él.
Al segundo siguiente.
¡Pum!
David estampó la botella de vino con fuerza en la cabeza de Romeo.
El vino se esparció por todas partes.
Romeo se agarró la cabeza del dolor y enseguida la sangre le empezó a escurrir entre los dedos.
Se escuchó el rechinido agudo de una silla contra el suelo.
David sacó un pañuelo del saco y, tan tranquilo como si nada, se limpió la sangre de las manos. Luego aventó el pañuelo al piso y miró con frialdad al hombre que se retorcía de dolor.
—Romeo, te lo advierto, yo, David, no soy alguien a quien puedas utilizar. No intentes pasarte de listo conmigo o no respondo.
***
—No hace falta —respondió ella.
Y colgó.
Luego contactó al responsable de la otra empresa, se disculpó y pidió que le enviaran una copia nueva para firmar, u ofreció ir personalmente a sus oficinas a firmar.
Pero la otra parte se disculpó diciendo que no podían volver a firmar y que esperaban que firmara el contrato original en un plazo de tres días.
Esmeralda entendió que claro que sí podían, pero alguien ya había movido los hilos. ¿Quién más sino David?
Si ya se lo ponían así, no podía insistir.
—Está bien, entiendo.
Colgó el teléfono.
Esmeralda le envió un mensaje a David pidiéndole la dirección.
David le mandó la ubicación enseguida. No estaba en la villa, sino en Argenta Gestión.
Santiago había ido con ella a la empresa ese día.
Al saber que iría a buscar a David por el contrato, él la llevó en coche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...