Esmeralda terminó su trabajo del día.
Gabriel ya había salido del hospital. Al verla regresar, le preguntó:
—¿Ya se firmaron los contratos?
Esmeralda asintió.
—Sí, todo firmado.
—Qué bueno. ¿Tienes tiempo mañana?
—Sí.
—Acompáñame a ver al Doctor Carver.
—Claro —respondió ella. Su mirada cayó sobre el brazo de él—: Profesor, ¿todavía tiene problemas con el brazo?
—Sí, teclear se me complica un poco. Probablemente necesite tu ayuda con algunos asuntos.
—Sin problema, cuenta conmigo.
Al día siguiente.
Esmeralda y Gabriel llegaron a la casa del Doctor Carver.
Stefan Carver y su esposa los recibieron calurosamente.
Hacía mucho que no se veían, así que tenían bastante de qué platicar.
Claro que no todo fue charla ligera; también hablaron del mercado financiero. Esmeralda sabía que el propósito de la visita de Gabriel era conseguir acceso a ciertos recursos y contactos del Doctor Carver.
El proyecto de fondos de inversión de Romeo se enfocaba sobre todo en el mercado de metales. Con la situación internacional tan volátil, lo que en el trimestre anterior subía un cincuenta por ciento, al siguiente podía tocar fondo.
Si sabías leer bien los cambios del mercado y tenías buen colmillo, en ese caos podías ganar mucho arriesgando poco.
La intención de Romeo era clara: quería acorralar a Gabriel en el mercado bursátil.
Todo se reduciría a ver quién podía salir más rápido y obtener las mayores ganancias pisoteando al otro.
Era, en toda regla, una declaración de guerra.
Ante tal provocación, Gabriel no tenía otra opción que aceptar el reto.
Al mediodía, se quedaron a comer en casa de los Carver.
Estuvieron ahí hasta las cuatro de la tarde. El Doctor Carver confiaba plenamente en Gabriel y en su capacidad.
El próximo lunes habría un seminario académico financiero en la Academia Rothschild, al que asistirían grandes personalidades del medio. El Doctor Carver los invitó a participar, asegurando que asistiría gente que Gabriel necesitaba conocer.
—Muchas gracias, profesor.
Sin embargo, fuera del trabajo, no pasó nada extraordinario. David no volvió a buscarla.
Todos los días hablaba con Isa.
Santiago se quedó un tiempo con ella, manejando sus negocios en el país de forma remota.
Esa noche, después de cenar, mientras Esmeralda discutía unos datos con Gabriel, recibió una videollamada de Isa.
En ese momento, sonó el timbre.
Esmeralda miró instintivamente hacia la puerta.
—¡Seguro es papá! —exclamó Isa feliz—. ¡Evelynn, ve a abrirle rápido!
Esmeralda se quedó pasmada.
Se levantó y fue a abrir.
Ahí estaba el hombre, de pie en la entrada, sosteniendo un ramo de rosas en una mano y una caja de regalo en la otra.
Al verlo, Esmeralda sintió una extraña sensación de irrealidad.
—Tú...
David miró a la mujer, cuyos ojos estaban llenos de asombro. No dijo nada, solo la observó. Parecía un simple repartidor de flores fuera de lugar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...