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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 434

El tono de Álvaro era serio.

—Solo quiero preguntar, señor Montes, ¿qué tiene que pasar para que deje en paz a Esme?

David, que llevaba puestas las gafas de esquí impidiendo ver la expresión de sus ojos, se limitó a decir:

—Acabas de escuchar lo que dijo Isa, señor Santillán.

Álvaro apretó los puños involuntariamente.

—Isa simplemente no sabe el daño que le causaste a su madre en el pasado.

David miró a Álvaro y respondió:

—Si algún día Isa está dispuesta a dejarla ir, naturalmente me divorciaré de ella.

Esmeralda y Abril llegaron a la cima en el teleférico.

Los cedros cubiertos de nieve dejaban un paisaje tranquilo y precioso; era imposible no quedarse mirando.

***

En el hospital.

Inés Catalán había recibido el alta. Clara Santana caminaba hacia la salida llevando a su madre del brazo.

En ese mismo momento, Manolo entró cargando a un niño, seguido por Valentina Santillán, quien llevaba cubrebocas y sombrero.

Inés llevaba un abrigo carísimo y un maquillaje impecable; aun enferma, se veía elegante.

Aunque Clara estaba a su lado, con su rostro joven, palidecía en comparación con su madre. Tenía ese aire de gente de dinero que impone sin decir una palabra.

Manolo y Valentina, por supuesto, la vieron.

Al ver a Inés, la expresión de Valentina se oscureció de inmediato.

Manolo se sobresaltó, y Valentina le dio un jalón brusco.

—¿Qué tanto miras?

Manolo apartó la mirada rápidamente.

Justo cuando iban a pasar de largo, Inés se detuvo y miró a Manolo.

—Manolo.

Manolo se detuvo en seco.

Clara miró a su madre con sorpresa.

—¿No nos vamos?

Manolo frunció el ceño por el dolor, pero no se atrevió a decir ni una palabra; abrazó al niño y siguió caminando.

Al verlos alejarse, Clara, furiosa por lo que acababa de escuchar, preguntó:

—Mamá, ¿quiénes son esos?

Manolo y Valentina habían llevado al niño para que le pusieran suero. El bebé había tenido fiebre la noche anterior; aunque le pusieron suero en la noche, la fiebre no había cedido por completo y hoy necesitaba otra dosis.

El bebé estaba en la camilla mientras la enfermera le colocaba el suero.

A mediodía, al regresar a casa.

Cuando Valentina subía las escaleras con el niño, sonó el celular de Manolo. Él fue al despacho a contestar; era Inés.

Ella preguntó:

—¿Esme planea establecerse en el país de ahora en adelante?

Manolo respondió:

—Inés, aunque ya no tengas sentimientos por Esme, sigue siendo mi hija. Yo espero que se quede aquí con nosotros. Esta vez fue a Estados Unidos para arreglar lo de las acciones de su empresa, pero después desarrollará su carrera aquí.

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