Esmeralda contestó:
—Hola, abuela.
—Esme, ¿cómo te has sentido últimamente? —preguntó Doña Antonella.
—Bastante bien.
—Qué bueno. Mañana no tengo nada que hacer, así que pasaré a verte y de paso te llevo al hospital para un chequeo.
Esmeralda se quedó pasmada. Desde que se embarazó y se mudó a Lomas del Valle, Doña Antonella no la había visitado ni una sola vez. Que ahora quisiera verla y llevarla a revisión indicaba que realmente le importaba el bebé. No tenía razón para negarse.
—Claro, abuela. Solo que estos días estoy en casa de mis papás. Dígame a qué hora y la espero en el hospital.
—¿Por qué te fuiste a vivir con tus papás? —inquirió Doña Antonella.
Al parecer David no había mencionado el divorcio. Por supuesto, no era a ella a quien le correspondía decírselo a la doña. Explicó:
—Es que llevaba mucho tiempo sin venir a casa y quería pasar unos días aquí.
—Quedarse uno o dos días no tiene nada de malo, pero regresa pronto a tu casa. Debes cuidar bien de tu marido. Esme, parece que no escuchaste lo que te dije antes.
Esmeralda se detuvo y apretó el celular. Guardó silencio un momento.
—Abuela, lo siento, yo...
—Bueno, mañana a las diez de la mañana —la interrumpió Doña Antonella.
Esmeralda no insistió.
—Está bien.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...