Doña Antonella no se quedó mucho tiempo. Antes de irse, volvió a hablar con Esmeralda, dejándole muy claro que debía quedarse en la casa y cuidar su embarazo; ahora que estaba casada, no debía estar yendo a casa de sus padres a cada rato.
David subió a su despacho. Esmeralda regresó a su habitación, se sentó en el sofá y llamó a Valentina.
—Esme, ¿a qué hora regresas hoy? —preguntó Valentina al contestar.
—Vale, me voy a quedar a vivir acá por un tiempo —dijo Esmeralda.
Valentina se quedó sorprendida.
—¿Qué pasó?
—La doña me pidió que me quede en casa para cuidar el embarazo.
Valentina entendió de inmediato y no pudo objetar.
—¿Vas a ir al estudio de yoga hoy?
—Sí, tengo cita de seis a ocho.
—Bueno, ¿quieres irte temprano? Te llevo la cena.
—Sí, por favor.
Al colgar, Esmeralda miró la hora; le daba tiempo perfecto para dormir una siesta antes de salir.
Al despertar y arreglarse para salir, se topó con el hombre que bajaba las escaleras. Lo miró y preguntó:
—¿Vas a salir?
David posó su mirada indiferente sobre ella y preguntó con tono plano:
—¿Qué pasa?
Esmeralda ya estaba acostumbrada y no esperaba nada más.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...