Doña Antonella no se quedó mucho tiempo. Antes de irse, volvió a hablar con Esmeralda, dejándole muy claro que debía quedarse en la casa y cuidar su embarazo; ahora que estaba casada, no debía estar yendo a casa de sus padres a cada rato.
David subió a su despacho. Esmeralda regresó a su habitación, se sentó en el sofá y llamó a Valentina.
—Esme, ¿a qué hora regresas hoy? —preguntó Valentina al contestar.
—Vale, me voy a quedar a vivir acá por un tiempo —dijo Esmeralda.
Valentina se quedó sorprendida.
—¿Qué pasó?
—La doña me pidió que me quede en casa para cuidar el embarazo.
Valentina entendió de inmediato y no pudo objetar.
—¿Vas a ir al estudio de yoga hoy?
—Sí, tengo cita de seis a ocho.
—Bueno, ¿quieres irte temprano? Te llevo la cena.
—Sí, por favor.
Al colgar, Esmeralda miró la hora; le daba tiempo perfecto para dormir una siesta antes de salir.
Al despertar y arreglarse para salir, se topó con el hombre que bajaba las escaleras. Lo miró y preguntó:
—¿Vas a salir?
David posó su mirada indiferente sobre ella y preguntó con tono plano:
—¿Qué pasa?
Esmeralda ya estaba acostumbrada y no esperaba nada más.
Valentina estuvo de acuerdo.
—Sí, mira nada más cómo te ha crecido la barriga, mejor que tengas chofer.
Esmeralda no se negó; contratar a alguien por dos meses estaba bien.
—Está bien, págale bien y busca a alguien de confianza.
Esmeralda llegó a casa a las nueve. David no había regresado. Martina y Fernanda, aunque seguían mostrándose descontentas, ya no eran tan groseras como antes; le prepararon una crema y se la llevaron a la habitación.
Ella se aseó, se acostó y tomó material de estimulación prenatal para leerle un cuento a la bebé y platicar con ella. Quizás eran de los pocos días que le quedaban para hablarle; pensar que la niña se quedaría con la familia Montes le dolía en el alma. La pequeña parecía percibir sus emociones, porque cada vez que ella se alteraba, le daba una patadita.
Cuando se sintió lista, Esmeralda se durmió. Últimamente descansaba bien, y esa noche durmió profundamente. A pesar del tamaño de su vientre, la bebé era muy tranquila y nunca le daba lata por las noches; seguro sería una niña muy bien portada.
David no regresó esa noche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...