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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 498

Durante los siguientes dos días, Esmeralda no volvió a casa.

Primero, porque el cierre de año era una locura. Habían desistido del proyecto Senda Growth, pero había surgido uno nuevo que debían negociar. El equipo trabajaba horas extras por el bono de fin de año, y ella no podía bajar la guardia.

Segundo, porque tenía que investigar por su cuenta el proyecto de TC.

Se trataba de un negocio de miles de millones. Ante tal cantidad de dinero, cualquiera dudaría; la tentación era enorme.

David realmente estaba dispuesto a todo. Renunciar a ese proyecto sería una pérdida considerable para él.

Además, el proyecto involucraba inteligencia artificial, lo que encajaba perfectamente para colaborar con Apeiron Systems. Si lograba firmarlo, Álvaro superaría con creces los objetivos de su acuerdo de inversión, y el valor de Apeiron se dispararía en el mercado.

Pero las intenciones de David eran demasiado difíciles de leer.

No podía arriesgarse a la ligera.

Al tercer día, David la llamó.

—¿Ya lo pensaste? El proyecto no va a esperar siempre.

—¿Estás en la oficina?

—Estoy en casa cuidando a Isa. Anoche le dio fiebre de la nada. Ya se le bajó, pero anda muy decaída.

Al escuchar eso, a Esmeralda se le estrujó el corazón.

Justo en ese momento entró Kevin para que firmara un documento. Ella le dio un par de instrucciones, recogió sus cosas y salió de la empresa.

Cuando llegó a Lomas del Valle, David estaba en la sala viendo la televisión con Isa.

La niña tenía un paño húmedo en la frente y estaba recargada, sin ánimos, en el pecho de su papá. Al ver a su mamá, estiró los brazos de inmediato.

—Mami...

Su vocecita sonaba débil y suave.

Esmeralda la cargó y, al verla tan apagada, sintió un dolor inmenso. Los dos acompañaron a Isa viendo caricaturas hasta que la pequeña se quedó dormida en brazos de su madre.

David llevó a Isa a su habitación y, tras acomodarla, bajó a la sala.

Esmeralda lo esperaba sentada en el sofá.

Al ver que no se movía, él dijo:

—¿Qué te preocupa? Dímelo, o si quieres llamo a un abogado ahora mismo para agregar más cláusulas hasta que quedes satisfecha.

Esmeralda respiró hondo, sacó una pluma fuente de su bolso y se la entregó. El hombre firmó sin titubear.

Al ver cómo trazaba su firma, Esmeralda sintió una mezcla extraña de emociones.

David le devolvió el contrato firmado. Ella observó el autógrafo; tenía un trazo firme y enérgico.

Levantó la vista y vio que él hacía girar la pluma entre sus dedos largos con destreza rítmica.

—¿Me regalas la pluma?

Era una pluma hecha a medida, valía más de diez mil pesos y su diseño delicado no encajaba para nada con el estilo de un hombre como él.

Claro que regalársela no significaba nada en comparación con el proyecto que él le estaba cediendo. Pero todo lo que hacía ese hombre parecía tener una segunda intención o una trampa oculta.

Al ver su expresión de alerta, David sonrió.

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