—Está bien, no tienes de qué preocuparte —dijo David.
—Clara es muy terca —comentó Enzo—. Siempre ha sido miedosa para el dolor, y mira que atreverse a chocar...
El accidente de Clara había sido provocado por ella misma.
Llevaba dos días rogándole a Enzo que no la mandara fuera, que no quería irse de San Pedro y mucho menos ver a David con esa mujer.
Inés trataba de calmarla, diciéndole que se fuera un tiempo mientras bajaba la marea y Enzo arreglaba todo. Aunque ella sabía el plan, su inseguridad no la dejaba irse.
David escuchó a Enzo sin decir palabra.
***
Esmeralda terminó de revisar un lote de datos y a eso de las tres se fue a la editorial de la revista financiera. Estuvo ocupada hasta casi las ocho de la noche.
Su celular vibró.
Vio el identificador y contestó:
—¿Qué pasa?
Era David.
—Sigues trabajando.
—Sí.
—Isa te está esperando.
Al oír eso, Esmeralda recordó de golpe que la niña estaba enferma y que había dicho que iría a verla en la noche.
—¿Ya está mejor?
—Ya no tiene fiebre, pero sigue con tos.
—No puedo salirme ahorita, tengo que terminar esto. Dile a Isa que voy mañana a estar con ella todo el día.
Mañana era sábado. Ella también quería descansar un poco.
Hubo un silencio al otro lado de la línea antes de que él respondiera:
—Le diré.
Esmeralda se sorprendió; estaba inusualmente comprensivo.
—Gracias.
—¿Dónde estás?
Esmeralda miró el recipiente. Lo abrió y encontró el aroma familiar del caldo de costilla, acompañado de unas tostadas de pata y un tamal de elote.
Levantó la vista hacia él.
En los ojos profundos y atractivos del hombre había una calidez que antes jamás le había mostrado.
—Come.
—Agradezco el gesto, pero ya puedes irte —dijo ella.
—No hay prisa. Mañana vas a estar con Isa, así que cuando termines de cenar, nos vamos a Lomas del Valle.
—Tengo cosas que hacer todavía.
Pero David no tenía ninguna intención de irse. Se sentó en el sofá, sacó su celular y se puso a revisar algo.
Esmeralda lo miró con el ceño fruncido.
Decidió ignorarlo. Tomó los cubiertos y empezó a comerse el tamal con una mano mientras con la otra movía el mouse, con la vista clavada en la pantalla.
David despegó la vista de su celular y observó a la mujer trabajando concentrada.
Esmeralda no solía usar lentes, pero tras años de estudio y trabajo, aunque se cuidaba, su vista se había cansado y tenía una miopía ligera. Hoy llevaba puestos unos lentes con filtro de luz azul. El reflejo de la pantalla brillaba en los cristales, iluminando su perfil fino y elegante. Su cabello caía suavemente sobre su espalda, dejando al descubierto una oreja, donde un arete de perla emitía un brillo tenue y delicado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...