Gabriel y Paula Nájera iban a regresar a Valdemar para pasar las fiestas.
A las tres de la tarde, Esmeralda los llevó al aeropuerto.
Al llegar, para su mala suerte, se toparon con las personas que menos deseaba ver.
Clara abrazaba a Enzo, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada.
—Enzo, ¿de verdad no vas a regresar con nosotros?
Enzo puso su mano sobre la cabeza de Clara para consolarla.
—Tengo asuntos que resolver aquí.
—Pero, Enzo…
Clara quiso insistir, pero notó a las tres personas paradas no muy lejos. Su mirada se oscureció al instante.
Enzo volteó a mirar.
—Esme, nos despedimos aquí. Nos vemos después de las vacaciones —dijo Gabriel.
Esmeralda asintió levemente.
—Profesor, Pauli, tengan buen viaje.
Paula y Esmeralda se dieron un abrazo.
Después de despedirse, Esmeralda vio cómo se alejaban.
Dio media vuelta para irse. Al pasar junto a Enzo, Gabriel simplemente le hizo un asentimiento con la cabeza y siguió caminando con Paula.
Inés se quedó parada, observando la espalda de Esmeralda mientras se alejaba. Luego retiró la mirada y le dijo a su hija:
—Clara, vámonos.
Clara seguía renuente. Mientras caminaba con su madre, dijo con amargura:
—Mamá, no quiero que mi hermano reconozca a Esmeralda. Enzo solo puede tener una hermana, y esa soy yo.
Ahora que David la ignoraba por culpa de esa mujer, ¿por qué ella tenía que ser también hermana de su hermano? ¿Qué derecho tenía Esmeralda? Su hermano solo debía tenerla a ella.
Inés le secó las lágrimas con un pañuelo y la consoló:
—Últimamente tu hermano ha resuelto muchos problemas por ti. Deberías preocuparte más por él y dejar de hacer berrinches como antes.
Esmeralda giró la cabeza y vio a Enzo.
Recobró el sentido, se desabrochó el cinturón y empujó la puerta para bajar.
—Esmeralda, ¿estás bien?
Ella no tenía heridas graves, pero ante la preocupación de Enzo, su actitud fue fría y distante.
—No somos tan cercanos, señor Catalán. Ahórrese la preocupación.
Enzo notó claramente su rechazo.
No sabía explicarlo, pero cuando vio que ella chocaba contra el árbol, sintió una tensión y un miedo indescriptibles. Al verla ilesa, soltó un suspiro de alivio.
La madre y el niño ya habían desaparecido de la escena.
La policía de tránsito llegó rápido para hacer el peritaje y Esmeralda llamó a la aseguradora.
—¿A dónde vas, Esmeralda? ¿Quieres que te lleve? —preguntó Enzo.
Esmeralda miró al hombre que no se había ido e, ignorándolo por completo, no quiso dirigirle ni una palabra más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...