Entrar Via

La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 528

El oficial de tránsito tomó fotos y, tras determinar la responsabilidad del accidente, la grúa se llevó el coche.

Esmeralda tomó un taxi de regreso a la ciudad.

Cuando ella se fue, Enzo subió a su auto.

Apenas entró, recibió una llamada de David invitándolo a cenar.

Justo cuando David iba a colgar, Enzo dijo:

—Tu esposa tuvo un accidente de coche, pero ella está bien.

—¿Qué pasó? —preguntó David.

—Un niño se atravesó frente a su coche y ella chocó contra un árbol para esquivarlo.

—Mientras ella esté bien, eso es lo que importa.

Colgaron.

Enzo arrancó y se fue.

Esmeralda pasó al hospital para una revisión rápida. Tras confirmar que no tenía nada grave, se sintió más tranquila y tomó un taxi a casa.

Al bajar del taxi, vio a un hombre bajando de un Rolls-Royce, seguido por Isabella.

—¡Mamá!

Isa corrió hacia Esmeralda y la abrazó.

David había ido a recoger a Isa al colegio y luego la había traído directamente.

Esmeralda tomó la mano de la niña.

—El abuelo Manolo y la abuela Vale no te han visto en mucho tiempo, te extrañan mucho.

—Isa también los extraña. ¡Vamos adentro, mamá!

David sacó los regalos que había preparado de la cajuela.

Esmeralda se le quedó mirando.

Él se acercó y dijo:

—Fíjate si falta algo por regalar. Si es así, mañana haré que envíen más cosas.

Su actitud era realmente la de un yerno considerado y perfecto.

Esmeralda no respondió directamente, solo soltó con sarcasmo:

—Debe ser un gran sacrificio para ti.

Aquella familia que antes él tanto despreciaba, ahora la visitaba con regalos y naturalidad, como si nada hubiera pasado.

—Es lo que corresponde, no es ningún sacrificio —respondió David.

Esmeralda no dijo más y entró a la casa con Isa.

David las siguió.

Debido a la presencia de Isa, el desagrado de Manolo y Valentina hacia David no fue tan evidente.

Por supuesto, él no se quedó mucho tiempo. Tras intercambiar un par de frases de cortesía, le dijo a Esmeralda:

—Vendré por ti y por Isa en la noche.

—Adiós, papá.

Isa se despidió con la mano.

David le acarició la cabeza a su hija y salió de la casa de los De la Garza.

A las seis de la tarde, Álvaro Santillán llegó a casa.

Cenaron en familia. Con la presencia de la niña, el ambiente fue especialmente animado.

Santiago invitó a Esmeralda a pasar el Año Nuevo con ellos. Esmeralda aceptó y le preguntó a Álvaro si quería ir.

—Vayan ustedes, esta noche quiero descansar temprano —respondió él.

Esmeralda no insistió; sabía que él había estado muy cansado últimamente. Comentó con un suspiro:

—Es una lástima que Abril se haya regresado antes a casa. Álvaro, ¿no quieres ir a Valdemar a buscarla?

—Sí, ya reservé el vuelo para pasado mañana.

Esmeralda sonrió entrecerrando los ojos.

—Eso suena muy bien.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea