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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 563

La voz de Gabriel se escuchó:

—¿Estás en casa?

—Acabo de traer a Isa. Profesor, ¿cómo se siente hoy?

—Me siento mucho mejor que ayer, no te preocupes —dijo Gabriel—. Ya estoy bien, así que por ahora no hace falta que vengas al hospital a cuidarme, Esme.

Esmeralda asintió.

—Está bien. Mañana al mediodía le llevaré el almuerzo, Profesor.

Gabriel guardó silencio un instante y dijo:

—Está bien.

—¿Se le antoja algo en especial?

—Cualquier cosa ligera está bien.

—De acuerdo —Esmeralda preguntó de nuevo—: ¿El señor Arriaga ha encontrado alguna información?

—Ya han localizado a las personas involucradas. En un par de días habrá resultados —respondió Gabriel.

—Qué bueno.

Platicaron un poco más y colgaron.

Esmeralda dejó el celular, regresó al sofá y le dijo a Valentina:

—Mamá, cuida un momento a Isa, voy a subir a arreglar mis cosas.

—Sí, ve.

Esmeralda subió, se cambió por ropa cómoda, se lavó la cara y bajó. Se sentó en el sofá y revisó su tableta.

De pronto, su celular vibró de nuevo. Al levantarlo, vio que era David.

Contestó la llamada.

—¿Bueno?

La voz suave del hombre preguntó:

—¿Qué sabor de chocolate te gusta?

—¿Para qué preguntas eso? —dijo Esmeralda.

—Un amigo está en Suiza y regresa mañana al país. Le pedí que me trajera unas cajas de chocolate.

—Nada, solo quería platicar contigo. Tú e Isa no están en casa, y se siente muy solo aquí. De repente, dormir solo se siente extraño.

Al escuchar esas palabras, Esmeralda pensó que sonaba como si fueran una familia feliz y unida, y él un buen esposo que extrañaba a su mujer.

Esmeralda soltó una risa burlona.

—David, ¿tú mismo te crees lo que dices?

David curvó los labios.

—Solo digo la verdad. Siento mucha paz cuando duermo abrazado a ti, duermo más tranquilo. El aroma a rosas realmente te queda bien.

La voz grave y magnética del hombre transmitía una pereza lánguida, y su tono seductor le acariciaba el oído a través del celular.

Esmeralda bajó la mirada. En ese momento escuchó el sonido de agua moviéndose al otro lado, seguido de un chapoteo.

Esmeralda comprendió al instante que se estaba bañando.

Así que estaba hablando con ella completamente desnudo.

—Tengo ganas de ir a buscarte ahora.

Esmeralda reaccionó.

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