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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 627

Durante todo el rato, hasta que estuvieron listos para partir, Esmeralda no mencionó ni preguntó nada sobre lo que había pasado la noche anterior. Delante de Isa, interactuaba con David con total normalidad, como si absolutamente nada hubiera sucedido.

Esmeralda estaba sentada de lado sobre la alfombra, acompañando a Isa a armar un rompecabezas. La luz del sol entraba por el ventanal y caía justo sobre ellas. La mujer rebosante de dulzura y la niña preciosa formaban una imagen bañada en una luz cálida, tan perfecta como una pintura al óleo.

El apuesto hombre se hallaba sentado en el sofá, mirando una caricatura en la televisión. Todo el ambiente lucía increíblemente cálido y armonioso.

David desvió la vista de la pantalla y la posó sobre la madre y la hija.

De repente.

Se escuchó al hombre tomar la iniciativa y comentar:

—Me enteré de que al director Pastor, de Cruz del Sur Energía, ayer lo cachó la señora Pastor en el centro comercial con otra mujer, y resulta que ya está embarazada.

Al escuchar esto, la mano de Esmeralda se detuvo una fracción de segundo sobre el rompecabezas, pero de inmediato reanudó su movimiento, sin que su expresión mostrara la menor alteración.

Que el escándalo de un alto directivo de una empresa pública se hiciera viral no tenía nada de raro, pero no esperaba que el chisme ya hubiera llegado a oídos de David.

Para hablar de cómo alguien más había sido atrapado siéndole infiel a su esposa, lo decía con una ligereza pasmosa.

Esmeralda colocó una pieza del rompecabezas en el lugar correcto y respondió:

—No me interesa la vida privada de los demás.

Isa acomodó con exactitud la siguiente pieza del rompecabezas.

Esmeralda le acarició la cabeza a Isa y la felicitó:

—¡Qué lista eres, mi amor!

Isa alzó su carita y le dedicó una enorme sonrisa a Esmeralda, dejando a la vista sus adorables y pequeños dientes bien alineados.

La mirada de David seguía fija en Esmeralda. Parecía un lago estancado, sin tristeza, sin alegría, sin enojo; como si no le importara nada ni nadie en el mundo, como si la única persona que existiera para ella fuera Isa.

La mirada atenta del hombre era demasiado intensa.

Era imposible para Esmeralda ignorarlo. Levantó la vista hacia él, y David le sonrió ligeramente mientras le decía:

—Creo que Isa se parece cada vez más a ti.

Cuando llegaron al aeropuerto local, ya eran las doce de la noche y la pequeña Isa estaba profundamente dormida.

Posteriormente, abordaron un helicóptero desde ahí mismo.

Media hora más tarde, aterrizaron en una pequeña isla.

No fue sino hasta el día siguiente, cuando los rayos del sol iluminaron la tierra, la brisa marina sopló y el aroma de las flores llenó el ambiente, que Esmeralda pudo apreciar claramente esa villa construida en la isla. Era un palacio de tonos rosa y blanco con un nivel de lujo propio de un cuento de hadas. Isa corría persiguiendo mariposas entre los jardines con un hermoso vestido, luciendo exactamente como la princesa de ese castillo.

Evidentemente, ese castillo fue construido de manera exclusiva para Isa. Toda la isla era propiedad privada de David, y en cada rincón de la mansión se apreciaba la decoración de cumpleaños.

A pesar de que ya sabía lo mucho que a David le importaba Isa, experimentarlo en carne propia no dejaba de impresionarla.

Isa jugueteaba en el jardín, ya muy familiarizada con todo. Seguramente David la traía seguido por acá.

Esmeralda, ataviada en un vestido blanco y con el cabello recogido descuidadamente en una trenza sobre el hombro, la cuidaba de cerca. La suave brisa agitaba el dobladillo de su falda; plantada ahí bajo el sol, parecía irradiar luz propia.

Estaba tan absorta que no se dio cuenta en absoluto del hombre que se acercó por detrás, hasta que un brazo se deslizó alrededor de su cintura.

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