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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 628

Esmeralda se sobresaltó, girando bruscamente la cabeza para mirar al hombre a su lado. David le mostró una sonrisa afable y comentó:

—A Isa le encanta venir de vacaciones aquí; todos los años la traigo para que pase una temporada.

Esmeralda se apartó con sutileza y comenzó a caminar por el borde del jardín floral, respondiendo:

—Mientras a Isa le guste, está bien.

David retiró la mano.

Isa arrancó un ramo de flores frescas y corrió a entregárselo a Esmeralda.

—Son para ti, mamá.

Esmeralda se inclinó levemente y tomó las flores con suavidad, acercándolas a su nariz para respirar su aroma. Una ligera y tierna sonrisa iluminó su rostro:

—Muchas gracias, mi amor.

Aquella misma tarde.

El personal llegó trayendo dos vestidos de gala hechos a la medida.

Uno tenía un diseño azul degradado, con diminutos cristales azules incrustados en la falda que destellaban y parpadeaban con la luz, haciéndolo lucir como sacado de un sueño. El otro era de color blanco plateado, de corte ajustado y con un estilo minimalista, desbordando elegancia.

Los ojitos de Isa brillaron al ver la ropa. Miró a su papá y exclamó asombrada:

—¿Ese vestido lo preparaste para mi mamá, papá?

David respondió:

—Sí. ¿Está bonito?

—¡Precioso! Mamá se va a ver hermosísima con él.

David levantó la vista hacia Esmeralda. Sus ojos permanecían en calma, sin rastro alguno de asombro ni emoción ante la prenda, así que le preguntó:

—¿No te gustan?

Isa también parpadeó con sus grandes ojos, mirando a Esmeralda llena de ilusión, temerosa de que su mamá dijera que no le gustaban.

Esmeralda observó al hombre.

—No había necesidad de tanta extravagancia.

Álvaro miró a David y le contestó por pura cortesía.

David se acercó a Marcelo y charló brevemente con él.

Abril entrelazó su brazo con el de Esmeralda, bajó la voz y no pudo evitar exclamar con asombro:

—¡No manches, este David sí que se lució! De verdad que mima a Isa a más no poder.

Aunque Abril provenía de una familia de renombre y su patrimonio sumaba miles de millones tras su divorcio, su educación le impedía dejarse cegar por la vida de lujos desmedidos.

Pero, al poner un pie ahí, no pudo evitar experimentar lo que era el verdadero derroche y la ostentación pura.

Mientras hablaban, Abril analizó disimuladamente a Esmeralda. Hacía un momento, al verlos juntos a ella y a David, realmente daban la imagen de los dueños absolutos del lugar, luciendo como una pareja perfecta.

Cualquier otra mujer, rodeada de semejante lujo y teniendo a un hombre tan exitoso a su lado, que además adoraba a su hija, no dudaría en caer rendida.

Sin embargo, la expresión de Esmeralda siempre se mantenía imperturbable, como si de ninguna manera se considerara a sí misma la dueña y señora de esa casa.

Álvaro preguntó:

—Cuando se termine la fiesta, ¿cuándo tienen pensado regresar?

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