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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 635

A Gavin no le importó la advertencia y rio entre dientes.

—¿Cómo puedes decir que soy amarravajas? Ustedes dos no tienen absolutamente nada de química, a Evelynn no le importas ni tantito. Deja de hacerte ilusiones a lo tonto.

—Ya sabes cómo va esto: lo que se fuerza, se rompe tarde o temprano —remató Gavin.

El tono de David bajó de golpe, cargado de enojo:

—Gavin, lo que pase entre mi mujer y yo no es tu problema. Más te vale no meter tus narices donde no te llaman.

Gavin se le quedó viendo y luego soltó una carcajada disimulada:

—¡No te pongas tan intenso, cabrón! Pero ya hablando en serio... ¿qué onda contigo y Evelynn? ¿Te gusta o qué pasa?

David le dio un trago a su copa de vino tinto sin decir una sola palabra.

Durante la fiesta.

Un mesero chocó por accidente contra David, tirándole una bebida en el saco. Mientras el empresario fue a una de las habitaciones de visitas a limpiarse, la puerta se abrió y entró Ofelia con un juego de ropa limpia en las manos.

La chica había cambiado de vestuario; ahora traía un vestido corto de tirantes color rojo, ajustadísimo y con un escote bastante revelador. El contraste con su piel blanca era espectacular, y su presencia dejaba muy poco a la imaginación sobre cuáles eran sus intenciones reales al estar ahí.

Bajo las luces tenues del cuarto, sus ojos color miel brillaban con una malicia encantadora.

Presentarse de esa forma en privado era tirarse a matar. Era obvio lo que buscaba, y casi cualquier hombre normal al ver a una veinteañera despampanante ofreciéndose de esa manera habría cedido ante sus impulsos.

David, por otro lado, le clavó una mirada gélida en cuanto cruzó el umbral.

Ofelia alzó la vista hacia aquel hombre imponente; la atracción que sentía por él le salía hasta por los poros.

—Disculpe, señor Montes —murmuró con voz suave—, no fue a propósito lo del mesero. Yo me encargo de ayudarlo a cambiarse.

Aventó la ropa limpia al sillón y dio un paso hacia él, estirando las manos para desabotonarle la camisa mojada. Sin embargo, se detuvo de golpe al escuchar su voz de hielo:

—Lárgate.

Ofelia se frenó en seco. Sus ojos se llenaron de lágrimas de frustración, viéndolo con un gesto lastimero, y subió el tono de voz al límite de la emoción:

Capítulo 635 1

Capítulo 635 2

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