Al abrirla.
Vio que era una invitación para una fiesta de cumpleaños.
Estaba firmada por la familia Santana.
Esmeralda se sorprendió y levantó la vista hacia Gabriel. —Es una invitación de la familia Santana.
—Así es —afirmó Gabriel—. Mañana es el cumpleaños número ochenta del patriarca de la familia Santana.
Dado que Inversiones Gracia colaboraba con la familia Santana, era normal que recibieran una invitación. Lo curioso era que le hubieran mandado una personalmente a ella.
—No tienes que ir si no quieres —aclaró Gabriel.
Aunque él no se lo hubiera dicho, Esmeralda definitivamente no planeaba asistir.
El fin de semana.
La fiesta por los ochenta años del patriarca Santana estuvo a reventar de invitados. La mitad de la élite de Valdemar acudió a felicitarlo, lo cual dejaba muy en claro el estatus y poder que McQueen Global tenía en la ciudad.
Mientras tanto, Esmeralda descansaba en el hotel.
Recibió una llamada de Paula Nájera.
La familia Nájera también había recibido una invitación y asistieron al evento. Paula se había enterado de que los Santana también invitaron a Esmeralda.
—Mandarte una invitación exclusiva a ti... A saber qué intenciones traen —comentó Paula.
Esmeralda le dio un sorbo a su café, muy relajada. —Quién sabe, pero de todos modos no voy a ir.
—¿Y crees que vaya David?
Esmeralda bajó la taza y respondió con tono indiferente: —Ni idea.
Esa semana apenas habían tenido contacto; por el exceso de trabajo, ni siquiera había podido platicar mucho con Isa.
Al notar su tono, Paula decidió no seguir preguntando.
Platicaron un rato más.
Ese día el clima estaba muy agradable.
Después de comer al mediodía en el hotel, Esmeralda decidió salir a dar un paseo ella sola.
Se puso un abrigo negro, un suéter de cuello alto azul rey, unos pantalones de mezclilla y unos zapatos bajos de piel negra. Se peinó con ondas sueltas, se maquilló un poco, tomó su bolsa y salió de la habitación.
Pero justo al abrir la puerta.
Se topó de frente con un hombre que estaba a punto de levantar la mano para tocar.
Esmeralda se quedó paralizada y lo miró fijamente. —¿Tú...?
O sea que solo la iba a seguir a todos lados, ¿verdad?
Como estaban en el taxi, Esmeralda decidió no armar un escándalo.
—¿A dónde los llevo, señores? —preguntó el chofer.
Media hora después.
El taxi se detuvo en la esquina de una calle muy famosa en Valdemar, una visita obligada para cualquier turista. El estilo clásico de la zona era perfecto para tomar fotos y las tiendas tenían una decoración sumamente elegante.
Como hacía un sol espléndido, el lugar estaba lleno de jóvenes.
David pagó el viaje.
Y ambos se bajaron.
Él se acercó y, con total naturalidad, le tomó la mano.
Esmeralda le lanzó una mirada gélida.
Él esbozó una sonrisa, le quitó la bolsa para cargarla y le dijo: —Vamos.
La presencia de ambos llamaba muchísimo la atención. Con su enorme atractivo físico, altura y porte —él desprendiendo un aura elegante y serena, y ella deslumbrando con su belleza—, parecían pertenecer a otro mundo, lo que provocaba que casi todos en la calle voltearan a verlos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...