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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 657

Al escucharla, Mauro no supo qué contestar por unos segundos.

Independientemente de que los de Inversiones Gracia habían agendado la cita con anticipación, sería una pésima imagen despacharlos así nada más.

Por otro lado, David lo había citado ese día, pero ni siquiera tocó temas laborales; solo se la pasaron echando chal.

Él ya estaba curtido en la vida y había lidiado con toda clase de gente.

Al notar la rotunda indiferencia con la que Esmeralda trataba a David, lo entendió todo de golpe. Estaba clarísimo que había algo entre David y Evelynn. Seguramente, David lo había usado de pretexto para verla, pero a ella no le hacía ni la más mínima gracia tenerlo cerca.

Vaya sorpresa.

Y pensar que en lo profesional estaban en bandos opuestos.

Aunque, viéndolo bien, tenía sentido. Ese día, al conocer a Evelynn, confirmó que su belleza no era de este mundo y su presencia era deslumbrante. Era lógico que cualquier hombre cayera rendido ante una mujer tan espectacular.

Eso sí, parecía guardarle bastante rencor a David.

Ahora ya sabía qué tipo de mujer era capaz de mandarlo a volar: una con la suficiente seguridad y belleza para permitírselo.

Con Evelynn a punto de irse, él no sabía qué excusa inventar para retenerla.

Fue David quien tomó la iniciativa y habló con un tono afable:

—La señorita Evelynn puede hablar primero con el señor Mauro. No interrumpiré sus asuntos.

Esmeralda se le quedó viendo.

David le sonrió levemente y asintió. Se despidió del señor Mauro y se retiró del lugar.

Una vez que David se alejó lo suficiente.

Mauro observó a Esmeralda y comentó con una sonrisa casual:

—Parece que el señor Montes le tiene a usted mucha estima, señorita Evelynn.

Esmeralda sonrió sin decir una sola palabra.

Lo acompañó a jugar unos cuantos hoyos.

Para las cuatro y media de la tarde, la negociación había avanzado bastante bien.

En ese momento, Inversiones Gracia y Evergreen Capital eran los mayores competidores por el proyecto. Ambos estaban decididos a invertir, pero todo se reducía a un juego de valuaciones y a una lucha por imponer las mejores cláusulas.

Sin embargo, Mauro tenía que pensar en cómo se manejarían las cosas a futuro tras recibir el capital. Así que, sin lugar a dudas, todavía faltaban un montón de reuniones internas para decidir cómo estructurar la inversión.

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