Esmeralda lo miró fijamente con el ceño fruncido.
David miró a Damián, quien se había detenido; este, al cruzar miradas con él, se dio la vuelta y se alejó a paso rápido.
David apartó la vista, miró a la mujer a su lado y le preguntó:
—¿Por qué te enojas conmigo ahora?
Al escuchar eso, el rostro de Esmeralda se ensombreció al instante. Soltó una risa sarcástica, se sentó lentamente y respondió con frialdad:
—No hables como si hubiera algún tipo de sentimiento entre nosotros.
David la observó de reojo, notando su perfil distante y frío.
Se hizo un breve silencio.
La mirada del hombre hizo que Esmeralda se sintiera sumamente incómoda. Volteó a verlo y se topó con unos ojos penetrantes que parecían leerle el alma, lo que le provocó un vuelco en el corazón.
De pronto, David se inclinó hacia ella.
Al sentir su presencia intimidante, Esmeralda se echó hacia atrás por instinto, con todos los sentidos en alerta. Sin embargo, el hombre estiró su largo brazo y la jaló hacia su pecho.
Cayó contra él con facilidad, completamente sorprendida.
—¡David! —exclamó.
Él observó la furia de la mujer entre sus brazos con total tranquilidad.
—Grita un poco más fuerte, si quieres que todos nos volteen a ver —le advirtió.
Estaban en una zona de descanso pública; había gente tomando café y platicando de negocios. De hecho, desde que David apareció, varios ya se habían fijado en ellos.
Esmeralda forcejeó para zafarse de su abrazo y le exigió en voz baja:
—Suéltame ya.
A través de la tela, Esmeralda podía sentir claramente la fuerza de sus brazos aprisionándola. Si él decidía usar la fuerza bruta, ella no tendría ninguna oportunidad de soltarse.
—Si no hay nada más, hazte a un lado, por favor.
Pero David no hizo el menor amago de moverse. Volvió a clavarle esos ojos oscuros, tan profundos que parecían a punto de devorarla, y habló con voz grave:
—Entonces, ¿vas a seguir huyendo de esto?
Esmeralda parpadeó, desconcertada.
—¿A qué te refieres? —preguntó.
—Es cierto que tenemos problemas —continuó David—. Puedes elegir no creerme, pero seguir ignorándome no va a solucionar nada. Pase lo que pase en el futuro, mientras no firmemos el divorcio, seguimos siendo marido y mujer.
Esmeralda soltó una carcajada burlona.
—¿Solucionar qué? A ver, dime: el día que saliste del hotel cargando a Clara, ¿nada más estaban platicando muy a gusto en la cama?
—Enséñame el video —exigió David, manteniendo una expresión completamente serena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...