Esmeralda no se molestó en contestar y siguió caminando.
Romeo la seguía a un ritmo relajado, sin despegarse de ella.
—David es un desgraciado, ni siquiera se tienta el corazón con su propia esposa. De verdad, ¿para qué regresaste? ¿No estabas mejor en Estados Unidos? ¿O le echaste tantas ganas a cambiar nomás para demostrarle que sí estás a su nivel? Qué pena, fíjate, a ese hombre no le gira bien. Por más que te arregles, a él le siguen gustando las caras bonitas sin cerebro como Clara.
—Digo, uno como hombre es posesivo. Ver a la mujer que fue tuya con alguien más no es fácil de digerir.
—Evelynn, ¿de verdad querías que David te amara? En este mundo nadie es fiel ciegamente. Ustedes las mujeres son muy románticas, se lanzan al fuego buscando amor eterno, pero a los hombres solo nos interesa satisfacer nuestras ganas. En el juego del amor, ustedes nunca van a ganarnos. Y menos a alguien como David. Él no tiene escrúpulos ni una gota de empatía.
—No creas que se siente mal por todo lo que te hizo pasar. Estás muy cambiada, tienes una carrera y te ves guapísima, pero lo más seguro es que él sienta que todo eso lo lograste gracias a que él te motivó al lastimarte.
Esmeralda lo ignoró.
Su cara demostraba el inmenso coraje que sentía. Llegó a la avenida y levantó la mano para pedir un taxi.
Un carro se orilló frente a ella. Abrió la puerta y se subió, pero justo cuando estaba por cerrarla, algo la detuvo.
Era la mano de Romeo agarrando el filo de la puerta.
—¡Suelta la puerta! —le gritó, furiosa.
—Recórrete para allá —le ordenó él.
Esmeralda frunció el ceño, con unas ganas tremendas de soltarle una patada.
—Señorita, no me puedo quedar aquí mucho tiempo —advirtió el chofer del taxi.
Al ver la postura firme del hombre bloqueando la entrada, Esmeralda supo que no la iba a dejar ir tan fácil.
Optó por bajarse del coche y se quedó a un par de pasos de él.
Romeo rio al ver su reacción.
—¿Por qué te haces para atrás? No te voy a comer.
Intentó dar un paso para acercarse de nuevo.
Pero Esmeralda retrocedió otro paso más, manteniendo el gesto de desprecio.
—Quédate ahí, no te me acerques —le advirtió—. Te lo dije, tu olor me revuelve el estómago.
Un destello sombrío cruzó por los ojos del hombre al escucharla.
—¿En serio? A mí me parece que esta loción huele bastante bien. Pero si te molesta tanto, uso otra y ya está —replicó.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...