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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 663

La mirada de Esmeralda se clavó al frente, sin responder a las palabras de Enzo.

Enzo la miró de reojo y no hizo más preguntas.

Esmeralda se bajó del coche en la siguiente intersección y luego tomó un taxi para irse.

Enzo condujo detrás del taxi hasta que llegaron al hotel. Esmeralda se bajó y caminó hacia el vestíbulo, topándose de frente con David, que iba saliendo.

David, al verla, dio un paso hacia ella.

Esmeralda ni siquiera lo miró y pasó directamente por su lado.

David estiró el brazo para detenerla, pero Esmeralda apartó la mano de un tirón y le advirtió con tono severo:

—No me toques.

David bajó la mirada para encontrarse con los ojos de la mujer, que estaban llenos de furia.

Esmeralda no le dedicó ni un segundo más, se hizo a un lado y se alejó a paso rápido.

David se quedó inmóvil, observando con fijeza cómo se alejaba, hasta que su figura desapareció por completo de su vista. Se detuvo un momento más y, al darse la vuelta para irse, notó un coche muy conocido estacionado a poca distancia.

Caminó hacia allá a zancadas.

Abrió la puerta del copiloto, subió al auto y preguntó:

—¿A dónde fue hoy?

—La vi pasar por Avenida de la Industria junto a Romeo —respondió Enzo—. No tengo idea de qué le habrá dicho él a Esme.

Al escuchar eso.

David frunció el ceño con fuerza.

Enzo lo miró de reojo.

—Pero seguro que hablaron sobre ti.

***

En las oficinas de la sucursal de Inversiones Gracia.

Gabriel estaba en su despacho revisando unos correos.

En ese momento.

Gabriel entrecerró los ojos.

—¿A qué viniste?

—Solo quería platicar un rato contigo, doctor Loyola. —Romeo no se anduvo con rodeos y fue directo al grano—. Dime, ¿qué sentido tiene que andes detrás de Evelynn en secreto, como un guardaespaldas enamorado sin pedir nada a cambio? Aparte de conmoverte a ti mismo, no sirve de nada.

»Esa no es tu forma de actuar. Claro, sé que usted, doctor Loyola, es un hombre muy reservado y sin mucha experiencia en cosas del amor, pero cuando hay que pelear por algo, se pelea. Esperar sentado no te va a dar ningún resultado.

Gabriel lo miró fijamente, con el semblante oscuro.

Romeo, al ver la expresión impasible de Gabriel, soltó una risita.

—Claro, también lo entiendo, Evelynn sigue siendo una mujer casada. Tienes tus principios, no quieres ser el tercero en discordia ni arruinarle la reputación a ella. Pero por importarte tanto los principios, no eres el único que sufre por un amor imposible. Evelynn tampoco tiene una buena vida al lado de David. Así que no hay necesidad de ponerte unos estándares morales tan altos, eso es para la gente común y corriente. Tú eres diferente, doctor Loyola.

Gabriel se recargó en el respaldo de su silla, clavando una mirada gélida en Romeo.

—No vengas a enseñarme cómo hacer las cosas con tus tácticas de quinta. Eres un don nadie, no te creas que no sé lo que tramas. Tú y yo jamás seremos del mismo bando.

La sonrisa en los labios de Romeo se desvaneció poco a poco. De pronto, soltó una carcajada y dijo:

—Tienes razón. El doctor Loyola es un profesional de élite, jamás podría compararme contigo. Pero que no estemos en el mismo bando no significa que no podamos hacer negocios.

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