—Ahora mismo estás colaborando con la familia Santana, es solo cuestión de tiempo para que nuestros intereses se crucen. O si prefieres, yo te ayudo a que David y Evelynn se divorcien. Así, el doctor Loyola tendría el camino libre para conquistarla.
El rostro de Gabriel se ensombreció por completo y su voz sonó aún más fría, cargada de advertencia.
—Romeo, tú y yo todavía tenemos cuentas pendientes. Fíjate bien en dónde estás parado. Si te atreves a meterte con Evelynn, me aseguraré de que no salgas bien librado de esto.
En ese instante.
Alguien llamó a la puerta.
Gabriel fue tajante para correrlo.
—Ya puedes irte.
Romeo compuso su expresión.
—De acuerdo, no interrumpo más al doctor Loyola en su trabajo.
Una vez que Romeo se fue.
El asistente entró para presentar su reporte.
Cuando por fin terminó con sus pendientes ya eran casi las seis de la tarde. Sacó su celular y llamó a Esmeralda. Ella contestó de inmediato, con su tono habitual.
—Profesor.
—¿Ya cenaste?
—Todavía no.
—Entonces vamos a cenar juntos, ¿qué se te antoja?
—Ya pedí servicio a la habitación —respondió Esmeralda—. Hoy estoy un poco cansada, no tengo muchas ganas de salir.
Gabriel no quiso presionarla.
—Está bien. ¿A dónde fuiste en la tarde para terminar tan agotada?
Esmeralda le dio una excusa cualquiera para evadir la pregunta.
Tras colgar.
Gabriel dejó el celular en el escritorio y frunció el ceño. Por supuesto que había notado el cansancio en la voz de Esmeralda, y era evidente que no era agotamiento físico por haber estado paseando, sino que traía algo en la cabeza y no quería contárselo.
Seguramente tenía que ver con David.
Apretó el celular con fuerza, sumiéndose en sus pensamientos con la mirada fija.
En el hotel.
Retiró la mirada.
Caminó hacia la mesa, apartó la silla, tomó los cubiertos y se llevó un bocado de arroz a la boca. Siguió sirviéndose en silencio, masticando de forma tan mecánica que parecía no encontrarle ningún sabor a la comida.
David se sentó frente a ella y se limitó a observarla comer en silencio.
La habitación estaba tan silenciosa que solo se escuchaba el tintineo de los cubiertos de Esmeralda.
Tal vez por estar comiendo demasiado rápido.
Un grano de arroz se le fue por el camino viejo.
Esmeralda no pudo evitar empezar a toser.
David se levantó de inmediato y fue hacia el dispensador. Tomó un vaso, sirvió un poco de agua tibia y se lo puso enfrente.
—Toma agua —le dijo.
Esmeralda soltó otra tos fuerte. David estiró la mano para darle unas palmadas en la espalda, pero apenas rozó su ropa, ella se puso de pie de un salto. Caminó por su cuenta hasta el garrafón, se sirvió un vaso lleno de agua y se lo tomó de un solo trago. Cuando por fin desapareció la molestia en su garganta, soltó un largo suspiro.
Dejó el vaso y se quedó allí parada, dándole la espalda al hombre, sin moverse un milímetro.
Los oscuros ojos de David seguían todos y cada uno de sus movimientos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...