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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 670

Hasta la propia Esmeralda sentía ganas de compadecerse de aquella pobre mujer.

En ese momento,

el celular de Esmeralda comenzó a vibrar.

Lo tomó, vio el identificador de llamadas y contestó. Era Isa.

—Mamá, ¿por qué no estás en la oficina? ¿Adónde fuiste?

Dylan Molina acababa de pasar por Isa a la escuela para llevarla.

—Mamá salió un momento, regreso enseguida.

—Entonces me portaré bien y haré mi tarea mientras te espero.

Esmeralda sonrió.

—De acuerdo.

Tras colgar, miró a Ofelia.

—La señorita Ofelia puede ir a buscar directamente a David, aunque él no se encuentra en San Pedro en este momento. Tengo cosas que hacer, me retiro.

Esmeralda se levantó dispuesta a irse. Ofelia se puso de pie rápidamente y la detuvo.

—¡Señorita Evelynn!

Esmeralda se detuvo.

Ofelia habló con vacilación.

—Lo siento, yo... ahora mismo no sé a dónde ir.

El entorno desconocido y el idioma que no dominaba solo le generaban angustia.

Esmeralda observó su evidente terror y se dio cuenta de que no estaba fingiendo.

—¿Gavin no te dejó nada arreglado?

—Gavin solo mandó a alguien a que me dejara aquí y me dijo que usted me ayudaría —respondió Ofelia.

En ese instante, Esmeralda solo quería darle un par de cachetadas a Gavin. Le había echado encima un problema sin razón alguna.

—¿Quieres ir a buscar a David ahora mismo o prefieres quedarte en San Pedro a esperar a que regrese? —volvió a preguntar.

Ofelia replicó con voz nerviosa:

—Yo... tampoco lo sé. Seguramente el señor Montes no me aceptará ahora.

O sea, que pretendía que le ayudara a convencer a David para que la aceptara. De repente, la situación le pareció un tanto ridícula; no sabía si reírse de sí misma o de la situación.

Al escuchar ruido, Isa miró hacia la puerta. Dejó ver sus adorables colmillitos al sonreír y exclamó:

—¡Mamá!

Esmeralda se acercó y le acarició la cabeza con ternura.

—¿Qué tarea estás haciendo?

Isa le mostró sus ejercicios de matemáticas para que se los revisara.

Lo que Isa estaba estudiando en matemáticas ya era nivel de cuarto o quinto grado.

La letra de Isa era ordenada y bonita, y todos los ejercicios estaban correctos.

—Qué lista eres, Isa.

Isa rio alegremente.

—Soy hija de mi mamá, ¡pues claro que soy lista!

Al oír esas palabras,

Esmeralda no pudo evitar quedarse paralizada.

—¿Tu papá te dijo que yo te tuve? —preguntó.

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