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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 689

Enzo se quedó en silencio por un momento y dejó escapar un largo suspiro, como si estuviera dudando.

Gabriel rompió el silencio:

—Si al señor Catalán no le resulta conveniente decirlo, entonces...

—Es mi hermana biológica —lo interrumpió Enzo.

Al escuchar esto.

Gabriel no pudo evitar fruncir el ceño, y de repente, toda la oficina se sumió en un silencio sepulcral.

Sin embargo, Gabriel asimiló la noticia rápidamente. Sabía que Esmeralda tenía un hermano mayor, pero su madre se lo había llevado cuando se divorció hace muchos años.

Lo que nunca imaginó fue que resultara ser Enzo.

Simplemente comentó:

—Qué pequeño es el mundo.

Era comprensible que Enzo no se atreviera a presentarse ante Esme en ese momento.

Se escuchó la risa amarga de Enzo, quien añadió:

—Así es, qué ironía. No solo no la protegí, sino que no he dejado de lastimarle.

—Entonces, ¿qué es exactamente lo que buscas saber al preguntarme sobre la relación que hicieron pública Esme y David?

—Si de mí dependiera, preferiría mil veces que la persona que estuviera al lado de Esme fuera usted, doctor Loyola —dijo Enzo—. Quiero que Esme sea feliz, no quiero verla sufrir. Ella tiene un carácter muy fuerte y David es un controlador empedernido. Estando con David, Esme nunca será feliz.

No podía perdonar lo que David le había hecho, de la misma manera que no podía perdonarse a sí mismo.

—Pero a estas alturas, lograr que se divorcien ya no es nada sencillo —respondió Gabriel.

—En efecto —asintió Enzo—. Y el mayor problema de todos es que Isa está en medio. Con todo este escándalo, los chismes no paran. Si Esme sigue trabajando en Inversiones Gracia, seguramente le traerá muchos problemas. Si es posible, doctor Loyola, me gustaría que considerara dejar que se venga a trabajar conmigo.

Gabriel se le quedó viendo fijamente sin responder de inmediato.

Enzo sonrió levemente y preguntó:

—¿Teme que no pueda protegerla?

—No es que yo lo tema —contestó Gabriel—, es que, francamente, dudo que Esme tenga una buena imagen de usted, señor Catalán.

—Por eso necesito que el doctor Loyola interceda por mí —explicó Enzo—. Sé muy bien que ahora mismo, la persona en la que Esme más confía es en usted.

—Tendré que pensarlo —dijo Gabriel.

Enzo asintió:

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