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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 691

Esmeralda abrazaba al bebé y no pudo evitar hacerle un par de cariños.

—Visto así, siento que se parece más a Olivia.

—Los niños siempre sacan cosas de su madre, era lógico que se iba a parecer más a ella —comentó Rafael.

—Cuando crezca, va a ser un muchacho muy guapo.

Como si el bebé entendiera que le estaban echando porras, volvió a abrir la boquita y sonrió. Al ver esa carita tan tierna, el corazón de Esmeralda se derritió por completo.

La luz del sol entraba por la ventana e iluminaba el perfil de la mujer, haciendo que su cabello brillara tenuemente. Era una imagen tan dulce que parecía sacada de una pintura.

—Mira a este enanito, seguro le encanta que le digan cosas bonitas —le decía Esmeralda a Olivia, cuando por accidente cruzó su mirada con la de David, quien la estaba observando fijamente. Ella se quedó helada por un segundo, pero de inmediato disimuló su expresión como si nada hubiera pasado.

—Seguro sacó lo de su papá —bromeó Olivia—. Solo le gusta escuchar cosas buenas y no soporta que le llamen la atención.

—¡Ah, caray! ¿Y yo por qué salí raspado? —se quejó Rafael, resignado—. Cuando me regañas, ¿cuándo te he contestado? Siempre me quedo calladito aguantando el sermón.

Esmeralda se quedó en silencio al ver su dinámica.

Después de cargar al bebé un rato, Esmeralda estaba a punto de dejarlo en la cuna cuando David le pidió:

—Préstamelo tantito.

Ella lo miró de reojo.

—No te muevas, yo lo agarro.

Cuando David tomó al niño, sus movimientos fueron increíblemente sueltos y naturales. Lo cargaba con una sola mano, como todo un experto, mientras que con la otra agarraba un juguete para entretenerlo. Daba toda la impresión de ser un hombre de familia ejemplar.

Era innegable.

De verdad tenía mucha madera para ser un excelente padre.

De repente, Isa soltó:

—Papá, yo también quiero tener otro hermanito.

Al escuchar eso.

Olivia y Rafael miraron a Esmeralda por instinto. Ella también se sacó de onda con el comentario de Isa.

A Isa no le pareció que hubiera dicho nada raro, ni mucho menos notó cómo le cambió la cara a su mamá, y simplemente añadió:

—O una hermanita, para que pueda prestarle mis vestidos bonitos.

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