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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 732

Ofelia se ofreció.

—Iré arriba a ver.

—De acuerdo.

Isa acababa de responder cuando vio entrar a su padre y exclamó.

—¡Papá!

El rostro de David lucía como de costumbre. Se acercó, acarició la cabeza de la niña con su mano grande y le dijo.

—Esta noche iremos a cenar a casa de tu bisabuela.

—¡Sí! —Isa giró la cabeza para mirar a su madre—. Entonces, mamá irá con nosotros esta noche.

Esmeralda intervino.

—Mamá todavía no se recupera del todo de su enfermedad y hoy quiere descansar en casa. ¡Vayan tú y papá, Isa!

Isa quiso protestar.

David habló.

—Isa, deja que mamá descanse bien en casa.

Isa volteó a ver a su papá.

—¡Está bien!

Esmeralda miró al hombre que ocupaba la cabecera de la mesa.

David le devolvió la mirada y le dijo.

—Si te aburres, dile a tus amigos que vengan a hacerte compañía.

El tono del hombre fue bastante amable. Esmeralda se quedó perpleja por un instante, como si la forma en que la había mirado anoche hubiera sido solo una ilusión.

Esmeralda respondió.

—Puede que vaya a mi casa un rato hoy.

Alrededor de las cinco de la tarde.

David llevó a Isa hacia la Mansión Montes.

Poco después de que se marcharan, Esmeralda también regresó a la casa de la familia de la Garza.

Les contó a Manolo y a Valentina Santillán sobre su plan de ir a Nueva Concordia.

Al escuchar sus palabras, la pareja se sumió en el silencio.

En contraste con la tristeza de Vale por la separación, Manolo se lo tomó con mucha más calma.

Como Enzo ya le había comentado sobre este asunto, él también deseaba que los hermanos se reencontraran pronto. Con Esme yendo a Nueva Concordia, le tranquilizaba saber que Enzo estaría allí para cuidarla.

Esmeralda tomó la mano de Vale para consolarla.

—Esme.

—Adelante.

Manolo abrió la puerta y entró, llevando algo en las manos.

—Papá, ¿necesitas algo?

Manolo se acercó, se sentó en el sofá y le tendió una caja bellamente envuelta.

—Mira a ver si te gusta.

Esmeralda la tomó con curiosidad. Por la textura y el diseño del estuche, era obvio que contenía un conjunto de joyas.

—Papá, ¿quién mandó esto?

—Abrelo primero.

Esmeralda lo abrió. Era un anillo de esmeralda con diamantes que a simple vista se notaba muy costoso.

—Esto es...

Esmeralda estaba atónita. El dinero de Manolo lo administraba Vale, y su padre jamás habría podido gastar tanto en algo así. Además, él no sabía nada de esas cosas.

¿Acaso era de nuevo aquel Iván?

Al pensar en él, recordó que habían acordado salir a cenar juntos y ella lo había olvidado por completo. Él tampoco la había contactado últimamente, aunque de vez en cuando enviaba artículos bastante caros a la casa.

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