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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 853

La confusa conciencia de Esmeralda fue regresando poco a poco. Al percatarse de que aquel lugar no era la casa de la familia de la Garza, no dijo nada más, se sentó lentamente y David Montes la ayudó a bajar del auto.

—Mamá.

Esmeralda tomó la mano de Isa y caminaron hacia el ascensor. David Montes cerró la puerta del vehículo y siguió de cerca a madre e hija.

Él ya le había pedido a los empleados que prepararan el agua caliente con anticipación, así que le sugirió a Esmeralda: —Ve a darte un baño primero.

Esmeralda se dirigió a la habitación.

Después de bañarse, justo cuando acababa de encender el secador de pelo, la puerta del baño se abrió desde afuera. Esmeralda no hizo ningún movimiento brusco y continuó secándose el cabello con el aparato en mano.

David Montes caminó directamente detrás de ella, le quitó el secador, ajustó la temperatura y dijo: —Déjame hacerlo a mí.

Esmeralda bajó las manos y dejó que el hombre le secara el cabello.

Ella tenía bastante pelo, por lo que tardaba un buen rato en secarse por completo.

Él le fue secando los mechones con sumo cuidado, sosteniendo un peine en la otra mano con una técnica bastante experta; siempre que tenía tiempo, era él quien le secaba el cabello a Isa después del baño, así que con el paso del tiempo, la práctica había hecho al maestro.

En el silencioso cuarto de baño.

Solo se escuchaba el sonido del motor del secador.

Quince minutos después.

David Montes apagó el aparato y anunció: —Ya está.

Esmeralda se acomodó el cabello con los dedos y se puso de pie. —Gracias.

David Montes curvó los labios y respondió: —Es lo que debo hacer, no tienes que ser tan formal conmigo.

Esmeralda le dirigió una breve mirada y caminó hacia la salida del baño.

David Montes la siguió.

En ese momento, una empleada acababa de traer un tazón de avena con dátiles para curar la resaca. Al ver a la pareja, anunció con respeto: —Señor, señora, la avena está lista.

David Montes se acercó y la tomó de sus manos.

La empleada asintió y salió de la habitación.

Él tomó la cuchara y removió un poco la avena del tazón, comprobando que la temperatura fuera la ideal. Luego caminó hacia Esmeralda y se lo tendió: —Para que te caliente el estómago.

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