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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 985

Al escuchar su pregunta, la señora observó la evidente prisa de Esmeralda por huir y en sus ojos asomó una pizca de desdén: —Pues el hombre con el que siempre iba al trabajo, uno muy guapo, por cierto.

—¿Y ella le admitió que era su novio? —insistió David. Su apuesto rostro no delataba ninguna emoción.

Esmeralda lo miró fijamente, sin tener la menor idea de lo que intentaba hacer.

—¡Si ya viven juntos! ¿Cómo no va a ser su novio? Y se les ve muy enamorados.

Esmeralda no podía creerlo. ¡Había gente dispuesta a inventar chismes en su propia cara!

La expresión de David seguía siendo gélida: —¿Entonces no fue ella quien se lo confirmó?

La señora elevó la voz: —¿Acaso hace falta confirmarlo? Si no son pareja, ¿entonces por qué viven juntos?

David no le hizo más preguntas y levantó la vista para observar a Esmeralda, que estaba pálida y guardaba silencio.

La señora también miró a Esmeralda, con expresión de estar esperando a que comenzara el espectáculo.

Varios vecinos que pasaban por allí voltearon a verlos. La presencia de David era imposible de ignorar, y no había quien no le dirigiera una segunda mirada, atraídos por su aspecto. Sin embargo, su aura era demasiado distante y fría.

De pronto, la voz molesta del hombre resonó: —¿Te comieron la lengua los ratones? ¿No eras muy valiente? Resulta que cualquiera puede venir a humillarte.

Esmeralda escuchó las palabras del hombre y su rostro se ensombreció.

Al oír eso, la señora se desconcertó por completo. Esperaba que él montara una escena de celos en ese momento. Aún albergaba resentimiento porque Esmeralda había rechazado a su hijo en varias ocasiones. ¿Qué se creía solo por ser bonita? Su hijo era un hombre exitoso, un gran partido.

Con todos los años que tenía, lo había visto todo. Para ella, esto era un claro caso de infidelidad, y el hombre que tenía enfrente era la pareja oficial. ¡Ya se imaginaba que Esmeralda no era más que una cualquiera! ¡Con qué derecho rechazaba a su hijo!

Pero ahora, la reacción de Esmeralda no era la de alguien a quien hubieran atrapado en una mentira.

David soltó una carcajada burlona: —Esmeralda, veo que toda tu insolencia la reservas solo para mí.

Esmeralda forcejeó con todas sus fuerzas para liberarse.

—Esme.

Se escuchó la voz de Gabriel.

Esmeralda se paralizó y giró la cabeza para ver a Gabriel, que caminaba a paso firme hacia ellos. David también lo miró.

Los curiosos a su alrededor observaron la escena con expresiones diversas.

La señora que había esparcido los rumores no entendía absolutamente nada. Definitivamente, esto no parecía una escena de infidelidad, y por un instante sintió tanta vergüenza que quiso darse la vuelta e irse. Ese hombre tenía un aspecto peligroso, pero al mismo tiempo la morbosidad le ganó y decidió quedarse a ver cómo terminaba el triángulo amoroso.

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