Al terminar de desayunar.
Era lunes.
Esmeralda tenía que ir a la oficina. Pensó en llevarse a Isa al trabajo si la niña no quería quedarse en casa, pero dado que David estaba allí, era la oportunidad perfecta para dejársela encargada.
Es lógico que él tuviera un sinfín de asuntos que resolver, tanto en el país como en el extranjero, y ella no sabía cuánto tiempo pensaba quedarse ahí. Durante el desayuno, no había querido preguntar de más.
Cuando salió de la recámara ya cambiada, Isa estaba jugando con los dos gatitos. David la acompañaba sentado en el sofá. Quizás porque Isa estaba presente, el aura del hombre era tranquila y los dos animalitos ya no le tenían tanto miedo.
—Isa, mamá se va al trabajo.
Isa y David giraron al mismo tiempo para verla. La mirada del hombre se paseó por ella: llevaba un vestido largo azul de algodón con un cinturón fino en la cintura. Su abdomen aún se veía plano. Llevaba una coleta baja, nada de maquillaje y un estilo casual y relajado; un contraste absoluto con la mujer ejecutiva y elegante que solía ser.
¿Cómo no iba a notar que el hombre la estaba analizando? Solo le quedó hacer un esfuerzo por mantener la calma e ignorar su atención.
Miró a Isa, que se acercaba.
—Mamá, ¿no puedes pedir el día libre hoy?
Esmeralda dio un paso adelante y le acarició las mejillitas: —Hoy es lunes, mi amor. Mamá tiene que ir a unas reuniones y no puedo faltar. Papá se va a quedar a cuidarte.
Isa no insistió: —Entonces papá y yo te esperaremos a que regreses.
Esmeralda asintió y se dirigió a la entrada para cambiarse de zapatos, cuando escuchó pasos detrás de ella. Se volteó y vio al hombre acercarse.
—¿Pasa algo?
—Te llevo al trabajo —dijo David.
Esmeralda se sorprendió un poco y respondió: —No hace falta, no está muy lejos.
Isa corrió hacia ella: —Mamá, deja que papá te lleve.
Antes de que Esmeralda pudiera decir algo.
Esa señora era la madre de un vecino del piso de abajo. Se la había encontrado en el elevador cuando recién se mudó. Era el tipo de persona a la que le encantaba platicar y no dudó en entablar conversación. Por pura cortesía, Esmeralda le había seguido la corriente.
Se cruzaron un par de veces más.
Y la señora empezó a ofrecerle a su hijo, diciendo que era directivo en una gran empresa, que ganaba una fortuna y que estaba de viaje de negocios en el extranjero, pero que se los presentaría en cuanto volviera. Esmeralda la había rechazado de plano en ese momento.
Sin embargo, la señora no había querido darse por vencida. A menudo tocaba a su puerta con la excusa de llevarle algo, todo para averiguar si vivía algún hombre con ella. No fue hasta que Gabriel llegó y la vio salir del trabajo con él en un par de ocasiones, que por fin dejó de molestarla.
Si quería malinterpretar las cosas, que lo hiciera. Esmeralda no pensaba darle explicaciones.
Ahora mismo, no tenía ninguna intención de hablar con la señora, así que solo forzó una sonrisa y siguió caminando, pero apenas había dado dos pasos cuando escuchó la voz del hombre a sus espaldas: —Disculpe, señora, ¿de qué novio está hablando?
Al escuchar esto.
Esmeralda se detuvo en seco y volteó a ver al hombre, que se había quedado atrás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...