Perspectiva de Ella
Sophia me miró como si acabara de orinarle encima a sus carísimos zapatos, aunque no era mi culpa que Alexander hubiera terminado su noche antes de tiempo. Después del día que acababa de tener, ya no quería ni verlo.
—Pero… —empezó Sophia con voz quejosa, solo para ser interrumpida por Alexander.
—Habrá otras noches, Sophia —dijo Alexander, separándose de la pared donde estaba recargado y guiándola hacia la puerta—. Ve a dormir. O no. Eres adulta. Solo déjame para que pueda hablar con mi esposa.
Sophia soltó un pequeño sonido de disgusto, pero aun así se marchó. Antes de salir del salón del banquete me lanzó una última mirada maliciosa y desapareció dejando tras de sí un rastro de perfume floral.
Una vez que Sophia se fue, Alexander me tomó del brazo y me llevó lejos de los oídos curiosos del personal que estaba limpiando el banquete. Recibimos algunas miradas de reojo, y supe que esa noche habría chismes sobre nuestro comportamiento extraño durante la fiesta, pero en ese momento no me importaba.
Caminamos por el pasillo hasta llegar a una pequeña sala con algunas sillas y una mesa de ajedrez. Seguramente algunos invitados la habían usado para fumar puros durante el banquete, porque el aire olía a humo. Alexander me indicó que entrara. Lo hice, pero no me senté.
Finalmente, cuando la puerta se cerró y estuvimos realmente solos, se giró para mirarme.
—¿De verdad quieres seguir adelante con el divorcio?
Me tensé un poco, intentando no mostrar mi emoción.
"¿Alexander había decidido ayudarme después de todo?", me pregunté.
Apenas me había atrevido a esperar que mis esfuerzos dieran resultado en un solo día, pero aun así no pude evitar sentir alivio.
—Sí —dije, juntando las manos frente a mí—. Quiero el divorcio.
Alexander me observó durante un momento, y mi esperanza comenzó a apagarse. Intenté mantener una expresión tranquila, pero no era fácil cuando me miraba de esa manera.
—¿Y tu padre dijo que pagaría lo que debe cuando hablaste con él?
No pude ocultar mi reacción. Mi conversación con mi padre había sido devastadora, y debí haber sabido que Alexander no era un hombre generoso. Si no había dinero, no habría divorcio.
Bajé la mirada, y eso pareció ser toda la respuesta que Alexander necesitaba. Resopló.
—Ya veo. No es de extrañar que empezaras a intentar que te odiara a propósito. Tu viejo amante ha vuelto, y como papi querido no quiere pagar para sacarte de nuestro matrimonio, piensas que puedes manipularme para terminar nuestro contrato sin consecuencias.
Levanté la mirada de golpe, incrédula.
—¿Crees que Liam y yo…?
—Ah, pero ni siquiera mencioné su nombre —dijo—. Ahora ya sé la verdad: tú y Liam tienen un affaire, ¿no?
Durante un largo momento solo lo miré, atónita. No podía creer lo que Alexander estaba diciendo. ¿De verdad pensaba que estaba enamorada de Liam, el chico al que no veía desde la primaria?
—Solo dilo, Ella —su voz tenía un extraño tono amargo mientras se recostaba contra el respaldo de un sofá cercano, cruzando los brazos—. Dime que te acuestas con él. No me voy a enojar… solo me decepcionaré.
No pude evitar reír. No fue una risita ni un bufido, sino una carcajada completa, echando la cabeza hacia atrás. Pero no había nada de humor en ese sonido.
"¿Estaba celoso… o simplemente siendo sarcástico?", me pregunté.
De cualquier forma, no importaba. Sus palabras dolían profundamente, como pequeñas agujas clavándose en mi corazón.

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