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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 239

Perspectiva de Ella

Alexander dudó unos segundos, mirándome con cautela. Sin embargo, para mi sorpresa, después de pensarlo un momento, terminó asintiendo.

—Está bien. Ya que fue en parte culpa de mi Beta que perdieras la entrevista, te daré otra oportunidad.

—Gracias —respondí, enderezándome antes de pasar junto a él y dirigirme directamente hacia la habitación del bebé.

—¿A dónde vas? —me llamó Alexander.

Me quedé congelada al pie de la escalera. Solo entonces me di cuenta del error que había cometido: yo no debía saber dónde estaba la habitación del bebé. No debía conocer cada rincón de aquella casa que durante seis años había sido mi hogar.

Forcé una sonrisa y me giré hacia él.

—Lo siento. Supuse que la habitación del bebé estaba en el segundo piso.

Alexander parpadeó, confundido.

—Bueno, sí está ahí, pero… —sus hombros descendieron con un suspiro y, por un instante, creí ver un leve destello de diversión en sus cansados ojos verdes—. No importa. Ven, te mostraré el camino.

Dejé que Alexander me guiara escaleras arriba y por el pasillo que conocía de memoria. La puerta de la habitación del bebé ya estaba entreabierta cuando llegamos, y mi corazón empezó a latir con fuerza al escuchar la suave melodía de una canción de cuna proveniente del altavoz.

Era el mismo que yo había elegido, el que tenía una función giratoria capaz de proyectar estrellas y lunas en las paredes siguiendo el ritmo de la música.

Quise correr hacia mi hijo y estrecharlo entre mis brazos con todas mis fuerzas, pero tuve que contenerme. Ahora no podía permitirme actuar como su madre. Primero tenía que conseguir ese trabajo.

—Está aquí dentro —dijo Alexander, apoyando una mano sobre el pomo de la puerta—. Te daré cinco minutos. Después de eso, me lo llevaré.

Cinco minutos.

El pensamiento de que quizá aquella sería la única vez que podría sostener a mi hijo me atravesó el pecho como una daga, pero mantuve una expresión tranquila.

—Por supuesto. Para entonces estará profundamente dormido.

Alexander me lanzó una mirada incrédula, aunque finalmente abrió la puerta y me indicó que entrara.

En cuanto puse un pie dentro de la habitación del bebé, sentí que algo dentro de mí se quebraba.

Solo había pasado una semana desde la última vez que había estado allí, pero todo parecía diferente. Era como si estuviera entrando en una vida que ya no me pertenecía.

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