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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 73

—Creo que al final me quedaré —dije, dedicándole a Tara una sonrisa apologética—. Pero gracias por la invitación.

La expresión de Tara se vino abajo.

—¿En serio? Ay, vamos, Ella. Vive un poco antes de que sea demasiado tarde.

Sus palabras me golpearon mucho más de lo que ella podía imaginar.

“Antes de que fuera demasiado tarde…”

“Antes de que mi loba permaneciera dormida demasiado tiempo…”

“Antes de morir”, pensé.

Por un instante, casi cambié de opinión.

Pero entonces mis ojos encontraron a Alexander al otro lado del salón. Seguía conversando con aquel Alfa, aunque de vez en cuando levantaba la mirada hacia mí, y sus ojos verdes parecían brillar bajo la luz de las lámparas.

Algo en esa mirada hizo que mi decisión se afianzara todavía más.

Ver aquella expresión en sus ojos, su figura impecable dentro de ese traje perfectamente ajustado, el cabello rojo apenas despeinado y esa maldita sonrisa…

Mi loba seguía dormida, pero juraría que aún podía sentirla en algún rincón profundo de mí, tirando de mí hacia él.

No fui capaz de irme esa noche.

—Será en otra ocasión —dije, volviéndome hacia Tara—. Yo… creo que esta noche debería quedarme con mi marido.

Tara soltó un suspiro dramático, aunque al final terminó asintiendo.

—Está bien, sé aburrida entonces. Pero no voy a olvidar eso de “otra ocasión”.

Me dio un beso en la mejilla antes de marcharse prácticamente dando brincos hacia su siguiente aventura.

Las observé alejarse y una punzada de tristeza se extendió lentamente dentro de mi pecho.

Se veían tan despreocupadas. Tan… normales.

Un grupo de amigas saliendo a divertirse una noche cualquiera.

¿Alguna vez llegaría a vivir algo así?

¿O moriría sin saber lo que se siente bailar en un club, reír con amigos hasta el amanecer o vivir sin cargar sobre los hombros el peso de las expectativas ajenas?

—Ella.

Me tensé al escuchar la voz de Margaret.

Mi madrastra avanzaba hacia mí con aquella elegancia impecable de siempre, envuelta en un vestido azul marino hasta el suelo y con una sonrisa perfectamente ensayada en el rostro. A mi lado, Lilith se enderezó de inmediato, aunque mantuvo la mirada baja.

—Te ves muy bonita esta noche —dijo Margaret al detenerse frente a mí. Ni siquiera miró a Lilith—. Ese vestido es… atrevido.

—Gracias —respondí con cautela.

Margaret jamás me había hecho un cumplido en toda mi vida. Ni uno solo.

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