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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 153

La reunión de la junta directiva de Grupo Vega se llevó a cabo en la sala del último piso, un espacio diseñado para proyectar poder, con una mesa de caoba que parecía del tamaño de un portaaviones y una vista panorámica de la ciudad. Sin embargo, ese día, la atmósfera no era de poder, sino de una tensión casi fúnebre. Los miembros de la junta, hombres mayores y conservadores que habían servido a la familia Vega durante décadas, evitaban mirar a Alejandro, quien estaba sentado a la derecha de la cabecera de la mesa, encogido en su silla, una sombra del hombre arrogante que solía ser.

En la cabecera, presidiendo la reunión, estaba Don Ricardo Vega. No era oficialmente el presidente de la junta, pero su presencia era tan imponente, su autoridad tan absoluta, que nadie dudaba de quién estaba realmente al mando. Su rostro, normalmente severo, estaba contraído en una máscara de furia contenida. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que apretaba los brazos de su sillón de cuero.

Comenzó la reunión sin preámbulos, su voz era un rugido bajo y controlado que hizo que todos se enderezaran en sus asientos.

—Como todos ustedes han leído en la prensa —comenzó, la palabra "prensa" goteando de su boca como veneno—, nuestra empresa, nuestra familia, ha sido objeto de un ataque público sin precedentes.

Miró a cada uno de los miembros de la junta, sus ojos negros y pequeños no dejaban escapar nada.

—No voy a insultar su inteligencia discutiendo los detalles personales de la… situación de mi sobrino. Lo que sí voy a discutir es el daño irreparable que se ha hecho a nuestra reputación. Cincuenta años. Cincuenta años construyendo un nombre sinónimo de poder, de solidez, de control. Y en menos de un mes, esa mujer lo ha arrastrado por el lodo.

Se puso de pie y comenzó a caminar lentamente detrás de su silla, como un león enjaulado.

La metáfora era brutal y directa. Los miembros de la junta intercambiaron miradas incómodas. Esto ya no era una discusión de negocios; era una declaración de guerra personal.

—Esta mujer nos ha humillado —rugió Don Ricardo, golpeando la mesa con el puño, haciendo que las jarras de agua de cristal temblaran—. Y eso es algo que la familia Vega no tolera. ¡Esto no se quedará así!

La ira del patriarca llenó la sala, una fuerza primitiva y aterradora. Ya no se trataba de una cuenta perdida o de un mal titular en la prensa. Se trataba de honor, de orgullo, de la vieja ley del ojo por ojo. Don Ricardo Vega, el verdadero poder detrás del trono, acababa de entrar en el campo de batalla. Y a diferencia de su sobrino, él no luchaba con rumores y sabotajes mezquinos. Él luchaba para destruir.

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