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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 198

Mientras Valentina y Mateo sellaban su amor en un balcón de Chapinero, Alejandro Vega se ahogaba en un infierno de whisky y autocompasión. El penthouse de Rosales, que antes era el símbolo de su poder, se había convertido en su prisión, una jaula de cristal desde la que observaba un mundo que ya no controlaba.

La humillación de la derrota frente al Banco Nacional Andino, magnificada por el artículo de Carla Rincón que lo había pintado como un emperador obsoleto, lo había destrozado. Pero fue la noticia de la celebración en la oficina de Valentina, filtrada por uno de los pocos espías que le quedaban, lo que lo empujó al abismo de la desesperación. Se la imaginaba riendo, feliz, rodeada de un equipo que la adoraba y, lo peor de todo, al lado de Mateo Castillo. La imagen era una tortura, una película que se repetía en su mente una y otra vez.

Empezó a beber en exceso, no de forma social, sino con la desesperación de un hombre que intenta anestesiar un dolor insoportable. Vaciaba botellas de whisky de malta de dieciocho años como si fueran agua, pero el alcohol no le traía el olvido, solo magnificaba su rabia y su impotencia.

Su legendario control, la fachada de CEO imperturbable que había cultivado durante toda su vida, comenzó a desvanecerse. Llegaba tarde a las reuniones, cuando se presentaba. Su aspecto, normalmente impecable, se volvió descuidado. Su traje estaba arrugado, su barba de dos días, sus ojos inyectados en sangre. Sus empleados, que antes le temían, ahora lo miraban con una mezcla de lástima y desprecio.

Pasaba las noches en su despacho, no trabajando, sino obsesionado. Leía el artículo de Carla Rincón una y otra vez, cada palabra era una nueva herida en su ego. Miraba las fotos de Valentina en los eventos, analizando su sonrisa, su lenguaje corporal, buscando cualquier señal de debilidad, pero solo encontraba fuerza y felicidad. Se convirtió en un fantasma en su propia vida, atormentado por el éxito de la mujer que había despreciado.

Su relación con Isabella, que se había basado en una alianza de poder y ambición, se desintegró en un torbellino de recriminaciones tóxicas.

Una noche, completamente borracho, se quedó dormido en el sofá de su despacho, con una botella de whisky vacía a su lado. Tuvo un sueño. En el sueño, estaba de pie en el escenario de la gala del 50 aniversario, pero el salón estaba vacío. Intentaba hablar, pero no le salía la voz. Y entonces, Valentina aparecía en el fondo del salón, no con un vestido de gala, sino con su ropa de trabajo, y simplemente lo miraba en silencio. Y en su mirada, él no veía odio, sino algo mucho peor: indiferencia.

Se despertó con un grito ahogado, bañado en un sudor frío. El control sobre su situación, sobre su vida, se había desvanecido por completo. Y en su lugar, solo quedaba la desesperación de un rey que se había dado cuenta de que su imperio no era más que un castillo de naipes, y que la mujer que había exiliado era el viento que lo estaba derribando.

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