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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 70

Isabella no perdió el tiempo. Sabía que la ventana de oportunidad era pequeña y que necesitaba actuar con rapidez y decisión. Consiguió el número de teléfono personal de Marco a través de un contacto en el departamento de recursos humanos, a quien le mintió diciendo que necesitaba consultarle urgentemente sobre un equipo para un proyecto futuro.

Lo llamó esa misma noche.

—¿Marco? Habla Isabella Montenegro, de Grupo Vega.

Hubo un silencio de sorpresa al otro lado de la línea.

—¿Señorita Montenegro? Sí, claro. ¿En qué puedo ayudarla? —la voz de Marco sonaba nerviosa, halagada por la llamada de una de las directivas más cercanas al CEO.

—Voy a ser directa, Marco. Sé que estás supervisando al equipo técnico en la gala de mañana en el Museo Nacional —dijo Isabella, su tono era una mezcla de amabilidad y autoridad—. Y también sé que eres un profesional de primera, uno de los mejores de la ciudad.

—Bueno, hago lo que puedo. Gracias —respondió él, claramente intrigado.

—Tengo una propuesta de negocios para ti. Algo discreto y muy, muy lucrativo —continuó Isabella, bajando la voz para crear una atmósfera de conspiración—. Se trata de un "control de calidad" especial durante el evento.

—¿Control de calidad? No entiendo.

—Es simple. Durante el discurso de bienvenida de Alejandro Vega, justo en el momento culminante, necesito que haya un fallo técnico. Un fallo técnico irreparable. Que se apaguen las pantallas, que se corte el sonido. Un apagón total que dure al menos un par de minutos. El tiempo suficiente para crear un caos y una vergüenza considerables.

—Digamos que hay personas en esta empresa que necesitan una lección de humildad —respondió Isabella con frialdad—. Y digamos que a ti te pagarán muy bien por impartir esa lección. ¿Tenemos un trato, Marco? ¿O prefieres seguir luchando para pagar tus deudas mes a mes?

La elección era brutalmente simple: su integridad profesional contra la posibilidad de una vida sin deudas. Isabella sabía, por el prolongado silencio que siguió, que ya había ganado. La codicia y la desesperación eran las herramientas de manipulación más antiguas y efectivas del mundo.

—Está bien —dijo Marco finalmente, su voz resignada—. Tenemos un trato.

—Sabía que eras un hombre de negocios inteligente, Marco —dijo Isabella, una sonrisa de triunfo dibujándose en su rostro—. Te enviaré los detalles del encuentro para entregarte el adelanto. Y recuerda: mañana por la noche, en el momento justo, todo se vuelve negro.

Colgó el teléfono. Se sirvió una copa de vino, sus manos perfectamente firmes. El soborno había funcionado. La trampa estaba puesta. Mañana por la noche, mientras Valentina estuviera en el escenario, creyéndose la reina de la noche, ella, Isabella, estaría en las sombras, con el dedo en el interruptor, lista para apagarle las luces.

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