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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 93

Mientras Alejandro se ahogaba en su pánico, Valentina estaba de pie en una fila en el centro de Bogotá, en el bullicioso y algo caótico edificio de la Cámara de Comercio. El lugar era un microcosmos de la ciudad: una mezcla de jóvenes emprendedores con sueños en los ojos, empresarios de mediana edad con rostros cansados y mensajeros que corrían de un lado a otro con carpetas bajo el brazo. El aire olía a papel, a café barato y a la esperanza y la desesperación que impregnan cualquier entidad burocrática. Para muchos, este lugar era un laberinto de trámites y sellos. Para Valentina, era la puerta de entrada a su nueva vida.

Después de una hora de espera, finalmente llegó su turno. Se acercó a una ventanilla atendida por una mujer de mediana edad con una expresión de amable indiferencia.

—Buenos días —dijo Valentina, su voz era clara y firme—. Vengo a registrar una nueva empresa.

La mujer le entregó un fajo de formularios sin levantar la vista.

—Llene esto. Necesita el Registro Único Empresarial, el RUT, la inscripción en la DIAN…

Valentina tomó los formularios y se sentó en una de las sillas de plástico naranja. Se tomó un momento para mirar los papeles. Eran impersonales, llenos de casillas y jerga legal. Pero para ella, eran las páginas más importantes que había leído en su vida. Eran el acta de nacimiento de su futuro.

Después de otra larga espera, entregó los formularios, pagó las tasas con el dinero de su cuenta personal recién asegurada y recibió a cambio una serie de documentos sellados. El más importante era el certificado de existencia y representación legal. Lo leyó. "Se certifica que la sociedad CREATIVOS V.R. S.A.S. fue constituida mediante documento privado… y que su Representante Legal es la señora VALENTINA ROJAS GIRALDO".

Sostuvo el papel en sus manos. No era un anillo de diamantes, ni un vestido de alta costura, ni la llave de un penthouse de lujo. Era una simple hoja de papel con un sello oficial. Y, sin embargo, se sentía como el objeto más valioso que había poseído jamás. Era la prueba tangible de su existencia como entidad independiente, como una mujer de negocios, como la arquitecta de su propio destino. Salió del edificio de la Cámara de Comercio y se detuvo en la acera, bajo el sol brillante de la mañana bogotana. El ruido de la ciudad la envolvió, pero ya no era un caos, sino una sinfonía de posibilidades. Tenía una empresa. Ahora, solo necesitaba un lugar para construirla.

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