El hombre vestía un traje impecable y tenía un rostro atractivo, pero su mirada lasciva delataba sus verdaderas intenciones. No parecía ser alguien de fiar.
Las dos chicas que lo acompañaban eran hermosas; una irradiaba dulzura y la otra tenía un aura más distante y elegante.
—Clara, ¿qué haces aquí sola?
Jimena Velasco se acercó a ella con una sonrisa.
Gabriela Gómez, la ex suegra de Clara, era una mujer detestable, y su hijo mayor tampoco era un santo.
Pero, irónicamente, de esa familia tan complicada había surgido Jimena, una chica genuinamente dulce y bondadosa.
Dejando de lado a la anciana Velasco, Jimena era la única persona de esa inmensa familia a la que Clara toleraba y trataba con cariño.
—Todos ustedes tienen trabajos o estudios. Yo soy una ama de casa a tiempo completo, obviamente tengo que venir de compras sola —respondió Clara con una sonrisa, antes de preguntar—: ¿Y tú? Hoy es lunes, ¿no deberías estar en clases?
Jimena estaba en su segundo año de universidad.
Y en efecto, era lunes.
Jimena señaló a la hermosa chica a su lado.
—Pedí permiso para acompañar a Alina a elegir su regalo de cumpleaños.
Luego, Jimena procedió a presentarlos.
—Ella es la esposa de Vicente, Clara. Ella es Alina Luna, y su novio, Rodrigo Wagner.
—¡Hola, Clara!
—¡Un placer, señora Velasco!
Las comparaciones son odiosas, pero inevitables.
Ese fue el primer pensamiento de Rodrigo al ver a Clara.
Alina estudiaba actuación, y lo que le había atraído de ella era su apariencia pura e inocente.
Pero ahora, al tener a Clara enfrente, el vestido blanco de Alina le parecía insípido y aburrido.
—Clara... —Pasó de llamarla señora Velasco a Clara con una facilidad pasmosa. Rodrigo se acercó, deslizando su mirada hacia los lingotes de oro que Clara estaba observando—. ¿A Clara le gustan las cosas grandes?
Incluso antes de saber quién era, Clara ya sentía rechazo hacia él.
Ahora, ese instinto se transformó en un asco absoluto.
Clara respondió con frialdad:
Tomás Velasco y Gabriela llevaban años esperando que Vicente y Clara se divorciaran.
Clara no sintió la necesidad de ocultar la verdad.
—Ayer firmamos los papeles. El mes que viene oficializaremos el trámite. Pero guárdate el secreto, no vayas a esparcir el chisme por ahí. Si a fin de año te recortan tu mesada por esto, ¡no me culpes a mí!
¿Qué?
¡De verdad se divorciaron!
Jimena hizo un puchero de frustración.
—Con razón el chat grupal estaba vuelto loco ayer...
¿Eh?
Clara se detuvo, sorprendida.
—¿Cuál chat grupal?
—El, el grupo de amigas de Paulina... —murmuró Jimena en voz baja—. Ayer fue el cumpleaños de Paulina, y mi hermano estuvo allí. Luego ella subió una foto a su Instagram y todas perdieron la cabeza.
Diciendo esto, Jimena sacó su celular y buscó la publicación de Paulina.

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