—Señor Mauricio, este es el Gran paisaje de montañas y ríos. Sé que es una réplica, pero espero que luego pueda enseñarme cómo distinguir sus detalles para saber que no es original.
»Señora Yolanda, este chal se lo envía mi madrastra, la señora Gabriela. Yo solo soy el mensajero.
»Camilo, un pequeño detalle, espero que lo aceptes.
Vicente le había llevado a Yolanda un chal elegante de la nueva temporada de otoño.
A Camilo le entregó un reloj de pulsera, de la misma marca que el que ya llevaba puesto, pero de la colección más reciente.
Camilo arqueó una ceja.
—¿Debería decir que el sol salió por el oeste? ¿O que aquí hay gato encerrado?
En los últimos años, Vicente también había enviado regalos a la familia Soler.
Pero siempre lo hacía a través de sus guardaespaldas.
Cumplía con las formalidades a la perfección, pero con la misma frialdad.
Esta era la primera vez que el propio presidente Velasco entraba con regalos en la mano.
Si no fuera porque Andrés y Silvia estaban en brazos de Mauricio, Camilo habría jurado que el tiempo había retrocedido y que era la primera vez que el nuevo yerno visitaba la casa.
—Los niños están en una edad traviesa y hacen que mis suegros y el hermano de mi esposa se preocupen por ellos. Solo quiero expresar mi agradecimiento. ¿No crees que estás imaginando cosas, Camilo?
¡Ojalá fuera así!
La mirada de Camilo era gélida.
Mauricio ya se había levantado con una sonrisa bonachona, invitando a Vicente a pasar al comedor.
Cuando sonó el timbre, Clara pensó que Vicente no tenía vergüenza. ¿Cómo se atrevía a venir a mendigar comida todos los días? ¿No tenía miedo de que Mauricio lo sacara a escobazos?
Pero con tantos regalos de por medio, terminó ganándose un lugar en la mesa.
Clara se quedó sin palabras.
—¡Papá, mamá, hermano, ya llegué!
Cuando Selena entró, vio que la sala estaba llena de vida.
Vicente se dio la vuelta y le entregó la última bolsa a Selena.
—Selena, un pequeño detalle de parte de tu hermana y mío.
Aunque no entendía por qué Vicente y Clara le estaban dando regalos, al ver que todos en la sala tenían uno, Selena lo aceptó muy contenta.
—¡Gracias!
Al abrirlo, descubrió un reloj de pulsera.

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