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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 181

—¿Cómo es que las noticias de Valle Dorado llegaron hasta tu escondite en las montañas? ¡Incluso alguien tan poco chismoso como tú se enteró!

—¡Porque esas noticias tienen que ver contigo!

Wilfredo echó un vistazo por la ventana y luego miró a Vicente, lleno de curiosidad.

—¿De verdad ya no soportan vivir juntos? Hace un momento, frente a la anciana, fingían bastante bien.

Vicente lo miró de reojo.

—¿Viniste a mediar la paz o a echarle sal a la herida?

Wilfredo levantó una ceja, sorprendido.

Mediar la paz, no del todo, después de todo, los rumores decían que Vicente no pudo aguantar más y decidió botar a Clara.

Pero echarle sal a la herida...

Si de verdad quería poner fin a ese matrimonio fallido, ¿dónde estaba la herida?

De pronto, intuyendo que los rumores eran falsos, Wilfredo replicó:

—¿Cuál de las dos opciones prefieres?

Vicente guardó silencio. Si Wilfredo le hubiera preguntado hace un mes, habría respondido con total seguridad que quería el divorcio, sin dudarlo. Pero ahora, la decisión no estaba en sus manos. Vicente sonrió con amargura y cambió de tema.

—¿Cuánto tiempo te quedarás esta vez?

—Depende —respondió Wilfredo, quien después de todo había regresado por la anciana y no quería tener remordimientos en su vida—. Tomémoslo como unas largas vacaciones para acompañar a la abuela.

Vicente asintió. Al levantar la vista, vio que la anciana ya se había quedado dormida.

Andrés estaba agachado en el suelo poniéndole los zapatos a Silvia. Y la pequeña Silvia, como toda una adulta, le daba palmaditas en el pecho a la anciana para arrullarla.

Clara, con una sonrisa de oreja a oreja, levantó a Silvia de la cama y le hizo una seña a Andrés para que salieran. Los tres caminaron de puntillas, como si fueran ladrones, y salieron de la habitación.

Cuando la cortina cayó, Clara se dirigió a Vicente.

—Nos quedaremos en la casa familiar antigua estos días.

Vicente levantó la mirada, sorprendido. Luego, Clara se giró hacia Wilfredo.

—Wilfredo, entonces estos días, ¡te tocará darle asilo a él!

Ambos hombres se quedaron pasmados mientras Clara tomaba a los dos niños de las manos y se alejaba hacia el patio.

—¡Qué tragedia! —chasqueó la lengua Wilfredo—. ¡Tu esposa ya no te quiere!

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