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LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO romance Capítulo 95

Capítulo 95: No quiero nada de ti.

—¿Qué haces aquí? ¿Y con un perro?

Cassian abrió la boca para responder, pero Duke eligió ese momento exacto para lanzarse hacia adelante y la correa se le escapó de las manos.

—¡Mierd4!

El Gran Danés corrió directo hacia Pecas, quien acababa de regresar con la pelota. Duke ladró y fue tan fuerte que hizo que varios dueños voltearan.

Pecas dejó caer la pelota y salió corriendo y por supuesto… Duke lo persiguió.

—¡Duke! ¡Ven acá! ¡Ven acá maldito animal!

Cassian corrió tras ellos. Sus botas resbalaron en el pasto húmedo y casi se cayó. Pero se recuperó y siguió corriendo.

—¡DUKEEEEE!

El Gran Danés, eligió ignorarlo y persiguió a Pecas alrededor de un árbol.

Una vez. Dos veces.

Al final las correas se enredaron.

—¡Duke, carajo, detente!

Cassian llegó al árbol casi sin aire. Intentó desenredar las correas, pero Duke se sacudió y la correa se apretó alrededor de la pierna de Cassian.

—Hijo de...

Tiró de la correa y Duke tiró en la dirección opuesta, haciendo que Cassian cayera de culo en el pasto.

—¡CARAJOS!

El perro que parecía entender la mala situación de su dueño provisional, aprovechó para lamerle toda la cara.

—¡Quítate! ¡Quítate, maldito perro del demonio!

Detrás de él, Daisy se tapó la boca con la mano, sus hombros temblaban, mientras un sonido ahogado escapaba de sus labios.

Se estaba riendo.

Cassian giró la cabeza, todavía en el suelo, con Duke prácticamente sentado sobre su pecho.

—¿Te parece gracioso?

Daisy asintió, sin poder hablar.

—Pues me alegra ser tu entretenimiento.

Finalmente logró empujar a Duke. Se puso de pie, limpiándose el pasto de los jeans, ahora su perfecto cabello estilo "Elvis" estaba despeinado y tenía una mancha de barro en la rodilla.

Y Daisy seguía riendo, pero ahora lo hacía abiertamente. El sonido era claro, genuino y hermoso.

Cassian la miró.

Y a pesar de todo, a pesar de la humillación, a pesar del maldito perro, sonrió.

Porque la había hecho reír.

Ella se calmó lentamente, limpió las lágrimas de sus ojos y cuando lo miró de nuevo, su expresión se había endurecido.

—Todavía no respondiste mi pregunta. ¿Qué haces aquí?

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